La ganadería paraguaya empieza a mirar con mayor interés los sistemas que permiten producir más y mejor en una misma superficie, sin perder de vista el bienestar animal ni la sustentabilidad de la finca. En ese escenario, la crianza silvopastoril gana espacio como una alternativa que combina árboles, pasturas y ganado, generando beneficios productivos, ambientales y económicos para el productor.
En la Cooperativa Volendam, ubicada en el distrito de Villa del Rosario, departamento de San Pedro, este modelo forma parte de un proceso de aprendizaje que lleva más de una década. Norbert Weichselberger, coordinador de la cooperativa, explicó que los primeros ensayos forestales comenzaron a fines de 2009, en una parcela que anteriormente era utilizada para agricultura. Allí se plantaron clones de eucalipto con una densidad inicial de 833 árboles por hectárea, bajo un diseño de 4 metros entre hileras y 3 metros entre plantas.
Con el paso de los años, la experiencia permitió ajustar el sistema. Hoy, la cooperativa trabaja con densidades menores, de alrededor de 300 a 400 árboles por hectárea, porque comprobó que la pastura necesita mayor entrada de luz y que la integración con el ganado exige un equilibrio distinto al de una plantación forestal pura. “Es una cuestión de manejo. No es el eucalipto en sí lo malo, sino los malos manejos”, señaló Weichselberger.
Uno de los principales beneficios del sistema silvopastoril está relacionado con el confort animal. Según el coordinador, en los potreros abiertos, durante el verano, los animales suelen agruparse bajo los árboles a partir de las 10:00 para escapar del calor. En cambio, dentro de una parcela arbolada, el ganado puede permanecer más tiempo pastoreando. “Nosotros vemos que el silvopastoril tiene un efecto positivo sobre el ganado. Está más cómodo y tiene más horas de pastoreo”, afirmó.
Esa diferencia se explica por el microclima que genera la presencia de árboles. Weichselberger indicó que dentro del sistema se perciben entre dos y tres grados menos de temperatura en comparación con un campo abierto. En verano, el ambiente resulta más fresco, mientras que en invierno funciona como una protección frente a las heladas. Incluso mencionó que, en una ocasión, una pastura vecina fue afectada por una helada leve, mientras que dentro del sistema arbolado el daño fue menor. “Actúa como un termo: en verano es un poquito más fresco y en invierno un poquito más cálido”, explicó.
Para una ganadería de cría, ese bienestar es clave. Volendam reúne, entre todos sus asociados, alrededor de 55.000 cabezas de ganado, en su mayoría cebuino, principalmente Nelore y Brahman. El modelo productivo se basa en la venta de desmamantes machos, mientras que una parte de las hembras queda para reposición y otra parte se comercializa. Las vacas que salen de producción son destinadas a frigorífico.
El sistema silvopastoril también obliga a mejorar el manejo ganadero. Weichselberger explicó que no funciona si los animales permanecen siempre en un solo piquete, porque cuando baja la disponibilidad de pasto pueden comenzar a dañar los árboles, morder la corteza o buscar minerales en las plantas. Por eso, el modelo requiere rotación de potreros, uso de alambrado eléctrico, buena disponibilidad de agua, suplementación mineral y provisión de sal. “Si tenés un silvopastoril, tenés que hacer rotación”, remarcó.
Además del impacto sobre el ganado, el sistema permite diversificar los ingresos de la finca. Mientras los árboles acumulan valor a largo plazo, la ganadería genera movimiento económico desde etapas tempranas. Según Weichselberger, a partir del primer año ya es posible introducir animales en el sistema, lo que evita que el productor deba esperar hasta el raleo o la cosecha forestal para obtener retornos. “Tenemos comprobado que un sistema mixto genera más ingresos que solamente ganadería o solamente forestación”, sostuvo.
Otro punto relevante es el aporte ambiental. Aunque Weichselberger aclaró que una parcela silvopastoril no equivale a un bosque nativo, sí representa un ambiente más biodiverso que una pastura sin árboles. En los ensayos de Volendam, además de las variedades de eucalipto, aparecieron por regeneración natural unas 25 especies forestales nativas. También observaron mayor presencia de aves, abejas y fauna silvestre, lo que convierte a estas áreas en corredores dentro del paisaje productivo.
El desafío actual está en consolidar un circuito forestal más previsible para el productor. La agricultura y la ganadería ya tienen canales establecidos, desde la producción hasta la comercialización. En el caso forestal, la cooperativa trabaja en fortalecer la cosecha, la logística, la venta de madera y el manejo del impacto que genera la extracción de árboles dentro de una finca ganadera.
Aun así, la experiencia de Volendam muestra que el sistema silvopastoril puede ser una herramienta estratégica para la ganadería paraguaya. En un contexto en el que la rentabilidad ya no depende solo de sumar más superficie, sino de aprovechar mejor cada hectárea, integrar árboles, pasto y ganado aparece como una fórmula capaz de sumar confort animal, productividad, biodiversidad y nuevos ingresos para el productor.
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