La Asociación de Apicultores del Departamento del Guairá es una muestra de esa tendencia. Su presidente, Jorge Alberto Denis, contó a InfoNegocios que las entregas de miel de la organización pasaron de alrededor de 1.050 kilos en 2025 a cerca de 2.000 kilos en lo que va de 2026, impulsadas por una mayor producción y la consolidación de nuevos canales de comercialización.
"Es un rubro muy importante para nosotros porque por fin estamos logrando mejores negociaciones, y eso beneficia directamente a los apicultores que vienen trabajando desde hace años", expresó.
Aunque la miel es el producto más conocido de la actividad, el verdadero valor económico de las abejas está en su capacidad para polinizar cultivos. Cafyf señala que, además del impacto de US$ 577.000 millones que generan en la producción mundial de alimentos, si se suman los medicamentos, biocombustibles, fibras, materias primas y otros productos derivados de las abejas y demás polinizadores, el valor económico de estos servicios supera los US$ 3 billones.
A esto se suma la comercialización de productos como miel, cera, propóleo y jalea real. Según la consultora Grand View Research, el mercado mundial de la miel alcanzaría los US$ 13.600 millones en 2030, impulsado por la creciente demanda de alimentos naturales y productos funcionales.
La desaparición de los polinizadores también tendría un fuerte impacto económico. De acuerdo con Cafyf, la disminución de las poblaciones de abejas representa una amenaza especialmente para los países cuya agricultura depende de cultivos que requieren polinización.
Actualmente, la Asociación de Apicultores del Guairá reúne a 50 socios, de los cuales 35 son productores activos. Los otros 15 se incorporaron recientemente y atraviesan un proceso de capacitación para comenzar a producir con estándares comerciales durante la próxima temporada.
Para Denis, el principal desafío sigue siendo atraer a más personas hacia una actividad que, asegura, no demanda grandes inversiones.
"No necesita mucho capital ni grandes extensiones de tierra, pero sí necesita espacios verdes, libres de contaminación", explicó.
La capacitación ocupa un lugar central dentro del trabajo del gremio. En conjunto con técnicos del Ministerio de Agricultura y Ganadería, los productores reciben asistencia para mejorar el manejo de las colmenas y garantizar la calidad de la miel.
"Seguimos todas las recomendaciones técnicas, cuidamos cada etapa del proceso y evitamos cualquier contaminación. Gracias a eso estamos obteniendo muy buenos resultados", afirmó.
El dirigente sostiene que esa mejora en los procesos permitió que varios asociados ya comercialicen directamente su producción y consoliden una cartera estable de clientes en distintos puntos del país.
Las bajas temperaturas obligan a redoblar los cuidados en los apiarios. Durante el invierno, los productores aíslan las colmenas para conservar el calor y dejan reservas suficientes de alimento para que las abejas puedan atravesar los períodos en los que disminuye la floración.
"Nosotros nunca retiramos toda la miel. Siempre dejamos reservas para que puedan alimentarse. Cuando vuelve el sol y aparecen las flores, recién salen nuevamente a buscar néctar", explicó Denis.
La asociación trabaja principalmente con abejas africanizadas, una variedad que, según el dirigente, se adapta bien a las condiciones climáticas del país y presenta una buena resistencia incluso durante los meses más fríos.
No obstante, el posible regreso de un período más lluvioso mantiene en alerta al sector. Las precipitaciones prolongadas reducen las horas de vuelo de las abejas y limitan la disponibilidad de flores, por lo que los apicultores deben reforzar el manejo nutricional de las colmenas para evitar pérdidas.
El desafío: sumar más apicultores
Aunque los indicadores productivos mejoraron este año, Denis considera que el principal reto sigue siendo ampliar la base de productores.
"Queremos seguir sumando más apicultores para salvaguardar la vida de nuestras abejas. Tenemos que seguir capacitando a la gente para que el rubro continúe creciendo", sostuvo.
A su criterio, la apicultura puede convertirse en una alternativa de diversificación para pequeños y medianos productores rurales, ya que requiere relativamente poco espacio, puede convivir con otras actividades agropecuarias y genera un doble beneficio: ingresos por la comercialización de la miel y un aporte directo a la productividad agrícola mediante la polinización.
En un escenario donde el mundo reconoce cada vez más el valor económico y ambiental de las abejas, el desafío para Paraguay será transformar ese potencial en más colmenas, más productores y una mayor participación en un mercado global que sigue creciendo.
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