Marcelo González: “La competitividad de una marca depende de qué tan única es, qué tan diferenciada está y cuánto valora el mercado”

La diferencia ya no pasa por “hacer ruido”, sino por generar impacto real. Es así que Marcelo González, gerente de marketing de Financiera Paraguayo Japonesa, propone una mirada más consistente, sistemática y profundamente humana de la disciplina, en la que cada acción debe responder a un propósito claro y medible. En entrevista con InfoNegocios, aborda los desafíos de construir marcas relevantes en Paraguay, el rol de la inteligencia artificial, la importancia del criterio por sobre la ejecución y la necesidad de conectar el marketing con resultados concretos que trasciendan lo comunicacional.

¿Cuál es tu filosofía de trabajo?

Es una forma de ver la vida profesional más relacionada con una lógica de impacto y coherencia. Los que trabajan conmigo saben que me expreso por cómo trabajo. Energía fuerte, exigencia, ambición y alto estándar. Así pienso. Por eso tengo la tendencia a ver todo como si fuera un sistema, cada mensaje tiene que conversar con la marca, la inversión con los siguientes pasos y cada detalle con una finalidad más grande. Cuando todas estas cosas no pasan, lo que queda es el famoso “hacer ruido”.

En un país como Paraguay, seguir haciendo marketing decorativo ya quedó corto. Hace falta generar valor real con criterio y trabajo con propósito. Si algo vale la pena, tiene que hacerse con nivel, con esencia y ahí poner una firma personal.

¿Quién fue tu mayor mentor o fuente de inspiración en tu carrera y qué aprendiste de esa persona?

En 2014 conocí a Simon Sinek en una conferencia de WOBI en Nueva York, cuando todavía no era una figura tan instalada en el marketing como después terminó siendo. Para mí, ese momento representó la piedra angular para conectar marketing, superación personal y sostenibilidad del negocio antes de que se volviera parte del repertorio de la mayoría. Ahí confirmé algo que sigo pensando, el marketing es estrategia pura, pero cuando pierde dimensión humana puede ser vistoso y, aun así, dejar poco valor real.

Mi mayor mentor no fue, más sigue siendo Mario Molinas, uno de los originadores del marketing académico en Paraguay. Tenemos conversaciones semanales, donde me ayuda a ordenar ideas, entender mejor el mercado, leer la coyuntura y separar lo importante.

¿Qué estrategias considera esenciales para posicionar una marca en mercados competitivos?

La estrategia más importante en marketing sigue siendo el posicionamiento. Al final, la competitividad de una marca depende de algo bastante fácil de decir y muy difícil de hacer: qué tan única es, qué tan diferenciada está y cuánto valora realmente el mercado esa diferencia. Muchos hablan de posicionamiento sin resolver lo básico: qué busca mi cliente, quiénes son mis competidores reales y si eso que creo que me hace distinto es relevante de manera concreta en mi mercado objetivo. Sin esas respuestas todo queda en discurso.

Mi herramienta favorita es el Customer Lifetime Value (CLV). En mi opinión, una de las métricas que elevó el marketing a un terreno casi de ciencia exacta, porque permite asignar presupuestos en función del valor esperado del cliente y no de intuiciones, de lo que hace mi competencia o ansiedad comercial. A partir de ahí, se puede decidir con mucho criterio cuánto invertir en adquisición, cuánto en retención, dónde tiene sentido poner un presupuesto mayor y qué oportunidades reales existen de cross-selling y up-selling.

CLV aporta una capa que muchas veces se infravalora, permite leer mejor la calidad de una cartera, entender su valor proyectado e incluso generar criterios más sofisticados para evaluar negocios, relaciones comerciales y hasta la sostenibilidad del negocio.

¿Qué rol considera que juegan la inteligencia artificial y la tecnología en la transformación del marketing actual?

La inteligencia artificial es uno de los grandes inventos de esta época, y su impacto en marketing es profundo. Durante años se habló de que la IA podría anular a los profesionales de marketing; lo que terminó ocurriendo fue algo más incómodo, volvió prescindibles varias funciones del marketing 1.0. Hoy cualquiera puede generar textos, flyers y campañas aceptables. Justamente por eso, la diferencia no está en producir piezas, está en construir valor real con criterio, timing y dirección.

En ese punto me parece especialmente poderosa la teoría de Quantum Marketing de Raja Rajamannar. Su planteamiento lleva al marketing a un nivel mucho más riguroso, pasar de campañas e intuiciones a un sistema capaz de leer datos, interpretar comportamientos, anticipar necesidades y actuar en tiempo real.

La gran promesa de esa visión es usar IA y tecnología para entender mejor al cliente, invertir con más precisión, fortalecer retención, optimizar adquisición y llegar con la propuesta correcta en el momento exacto. Ese es, para mí, el verdadero salto. Porque cuando cualquiera puede ejecutar un prompt entonces lo único que realmente queda es el criterio.

¿Cómo haces para equilibrar la creatividad con la necesidad de medir resultados y lograr objetivos concretos?

Esta pregunta me gusta mucho porque toca una de las grandes confusiones. Durante mucho tiempo se entendió como la capacidad de hacer algo llamativo, ingenioso o memorable; algo que cree conversación, gane premios o aumente visibilidad. Era una lógica de mucha creatividad en la superficie y una relación bastante difusa con el resultado comercial de fondo.

Para mí, la creatividad tiene que entrar después de haber resuelto lo esencial, estudios de mercado profundos, identificación real de brechas, desarrollo de una propuesta de valor consistente, definición de precio según el ciclo de vida del producto o servicio y claridad sobre a quién se quiere mover, por qué y en qué momento. Recién ahí la creatividad alcanza su mejor versión cuando se pone al servicio de una estrategia bien construida.

Muchas veces, cuando el camino previo estuvo bien hecho y aun así no aparecen resultados concretos, el problema ya no está en la campaña. Suele estar en la eficacia comercial, en la atención, en la velocidad de respuesta o en la forma en que la organización gestiona la relación con el cliente. Y ahí también el marketing tiene que involucrarse, porque su responsabilidad no termina en lanzar un material; también tiene que entender por qué el negocio convierte o no convierte

¿Qué es lo que más te apasiona de tu trabajo y cómo le transmitís eso al equipo?

Lo que más me apasiona es ver el resultado del esfuerzo cuando parecía que algo no iba a pasar y, aun así, se empujó los límites hasta hacerlo posible. Hay una satisfacción muy particular en ver que detrás de una idea, una negociación, una promoción o una alianza bien ejecutada termina apareciendo un impacto real en la vida de alguien. Me sigue importando eso por encima de cualquier otra cosa, que una persona pueda acceder a una laptop porque la promo correcta llegó en el momento justo, o que una pyme crezca gracias a una financiación que le permite generar más mano de obra nacional.

Eso es lo que trato de transmitir al equipo, que nuestro trabajo tiene valor cuando produce consecuencias concretas. Que detrás de cada decisión hay personas, oportunidades y calidad de vida en juego. Y cuando esa convicción se instala realmente el equipo deja de trabajar solo para cumplir y empieza a trabajar con un sentido más profundo.

¿Qué proyecciones tienen para el sector este año?

Creo que 2026 tiene condiciones para consolidarse como un año muy relevante para el sector. Cada vez hay una apuesta más decidida por la inclusión financiera, el financiamiento pyme y la generación de productos financieros con triple impacto: económico, social y ambiental.

A eso se suma una evolución positiva en sostenibilidad bancaria, con innovaciones que están empujando al sector hacia estándares más altos de transparencia, ética y responsabilidad. En ese escenario, las entidades que logren combinar crecimiento con impacto real van a tener una oportunidad muy importante este año.

¿Qué hobbies o intereses fuera del trabajo te ayudan a mantenerte motivado?

El jiu-jitsu brasileño probablemente sea una de las cosas más difíciles que hice en mi vida. Es el camino largo, es un arte marcial que cuando sentís que empezás a dominarla, aparece un nivel nuevo y alguien más técnico, más rápido o más fuerte, y entendés rápido que siempre hay margen para seguir creciendo. Por eso me motiva tanto, porque te ordena, te baja el ego rápido, te obliga a convivir con el error y te enfrenta permanentemente con vos mismo. Lo recomiendo muchísimo.

 

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