Nació como un emprendimiento culinario, y un proyecto pensado para preservar la identidad de una de las zonas con mayor riqueza patrimonial del Paraguay. Detrás de esta propuesta está Norma Fretes, quien en 2011 decidió buscar una actividad que le permitiera trabajar haciendo algo con verdadero significado.
La gastronomía apareció como el camino natural, impulsada por años de recibir visitantes en la estancia familiar y preparar grandes comidas para periodistas, artistas y amigos. “Siempre me gustó cocinar pensando en el comensal, buscando que cada plato tuviera una presentación especial y un sabor que la gente recordara”, recordó.
La oportunidad llegó cuando Natalia Prieto, sobrina del artista Koki Ruiz, le ofreció utilizar una antigua vivienda patrimonial ubicada a pocos metros de la plaza central de San Ignacio, que había quedado abandonada y necesitaba ser recuperada. Allí comenzó a gestarse La Arcadia.
La propuesta fue concebida junto con Koki, quien diseñó el concepto del espacio e incluso creó el mueble principal del restaurante, inspirado en las líneas de la arquitectura jesuítica.
“Mi hija Macarena, que también pinta, se encargó de intervenirlo, pero la idea fue de Koki. Él diseñó un mueble con reminiscencias jesuíticas, desde donde nosotros atendemos a los clientes. En 2011 iniciamos el proyecto y, en enero de 2012, ya habilitamos al público. La respuesta fue inmediata”, comentó Fretes.
“San Ignacio siempre tuvo una fuerte tradición gastronómica. Hace décadas era una parada obligatoria para quienes viajaban por el sur del país y queríamos recuperar ese espíritu, pero ofreciendo una experiencia distinta, vinculada al turismo histórico”, explicó.
San Ignacio fue el primer pueblo fundado por los jesuitas en Paraguay y forma parte del circuito conformado junto con Santa Rosa, Santa María y Santiago. A ello se suma el constante flujo de visitantes que se dirigen hacia Ayolas o los humedales del Ñeembucú.
Por ello, La Arcadia busca recrear la calidez de una casa familiar, con manteles, servilletas de tela, pequeñas flores frescas sobre cada mesa y una atención cercana.
“Queríamos un lugar cálido, donde las personas se sintieran como en su casa y donde los sabores les recordaran su infancia o la cocina de sus abuelos”, afirmó.
El menú está compuesto principalmente por recetas tradicionales de Misiones. La gran protagonista es la chastaca, considerada el plato insignia del restaurante. Elaborada con carne seca, es una preparación típica de las antiguas estancias misioneras.
“Muchas personas nos dicen que, al probarla, recuerdan a sus abuelas o la estancia de sus padres. Eso es justamente lo que buscamos: despertar recuerdos”, comentó Norma.
Para quienes desean conocer el sabor sin pedir una porción completa, el restaurante creó la mini chastaca, presentada en pequeñas canastitas de mandioca que se convirtieron en una de las entradas más solicitadas.
La carta también incluye otros platos profundamente ligados a la identidad local, como la gallina casera, cortes premium de carne vacuna, cordero, surubí, salmón, mariscos y el tradicional bife a caballo del interior, preparado con un corte generoso acompañado de cebolla y huevo frito.
En materia de postres, predominan el dulce de mamón, el mousse de mburucuyá y el tradicional dulce de andaí. Cuando reciben grupos turísticos, incluso adaptan el menú según las preferencias de los visitantes.
El crecimiento del turismo también impulsó al restaurante. Fretes destaca especialmente el desarrollo de la Ruta Jesuítica, que atrae a grupos nacionales e internacionales, además de los museos de arte jesuítico de San Ignacio, Santa Rosa, Santa María y Santiago, así como el Museo Diocesano de Arte Sacro “Monseñor Juan Sinforiano Bogarín” y el museo del artista Koki Ruiz, que fortalecen la oferta cultural de la región.
Por otro lado, La Arcadia se trasladará en los próximos meses a una histórica Casa de Indios del siglo XVII, perteneciente a la familia Fretes.
“Con este cambio vamos a enriquecer todavía más el concepto histórico del restaurante. También vamos a actualizar la carta, porque la gastronomía evoluciona, pero sin perder nuestras raíces”, adelantó.
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