Así nació Karaku Ramen, una propuesta que apuesta por un proceso 100% artesanal en cada elemento del plato, desde los fideos hasta las sopas que hierven durante días.
“Ya venía haciendo eso en un espacio cultural del cual formaba parte y, bueno, llega la pandemia, nos paralizan, nos cierran las puertas de todo, y tenía que hacer lo que todo el mundo estaba haciendo, que era reinventarse. Entonces, lo que yo hice fue dedicarme tres meses exclusivamente a trabajar en sacar un plato de ramen”, contó Gómez.
Gabriela comentó que siempre le preguntaban: “¿Por qué ramen y por qué no otro plato?”. A lo que ella respondía que se trataba de un desafío personal. “Yo digo que si no tenía esta formación en química no iba a llegar a hacer los fideos como hoy los estamos haciendo, porque entendía todo este proceso de la sopa, de por qué se tiene que hervir tanto, de por qué se hierve de tal forma. Todo este proceso largo fue acompañado de mi formación bioquímica”, dijo.
Gómez encontró en la cocina japonesa un espacio donde podía combinar investigación, técnica y creatividad. Pero incluso antes del menú, el primer gran desafío fue encontrar un nombre que representara la esencia del proyecto. “Buscaba una palabra que sonara tanto en japonés como en guaraní. Hay muchas palabras que tienen similitudes fonéticas entre ambos idiomas”, explicó. Finalmente, el nombre surgió a partir de uno de los platos insignia del local, que es el ramen elaborado con sopa de osobuco. “Karaku nació de ese plato de autor, que terminó convirtiéndose en la identidad de la marca”, comentó.
En Karaku todo se produce de manera artesanal. “Nosotros hacemos nuestros propios fideos, nuestras sopas, las carnes, los toppings, las salsas y hasta el corte específico de las verduras”, afirmó. Ese nivel de detalle convierte al ramen en un plato extremadamente complejo de elaborar. Cada componente tiene tiempos y procesos completamente distintos. Las sopas son quizás el ejemplo más extremo.
“La sopa de cerdo hierve durante tres días. Arranca un lunes y recién colamos el miércoles a la noche”, explicó Gabriela. En total, algunas preparaciones alcanzan hasta 36 horas continuas de cocción.
La sopa de osobuco, utilizada en el ramen Karaku, requiere dos días completos, mientras que las opciones de pollo o vegetarianas demandan aproximadamente una jornada entera de hervor. Actualmente, Karaku ofrece 16 variedades distintas de ramen, además de otros platos japoneses elaborados también con producción propia.
Entre los más pedidos aparecen el shoyu ramen, el tonkotsu y el propio Karaku, que se diferencia por utilizar únicamente carne vacuna y una sopa cargada de especias inspiradas en el estilo vietnamita pho. “Es una sopa súper especiada y muy particular. El que prueba y le gusta, vuelve siempre a pedir lo mismo”, aseguró.
Además del ramen, el local también ofrece yakisoba, onigiris, yakimeshi y uno de los platos más populares fuera de los fideos, que es el katsukarē, una combinación de arroz japonés, milanesa y salsa curry.
En la parte dulce, el cheesecake japonés se convirtió en uno de los productos estrella. “Cada vez que hacemos se termina rapidísimo”, comentó Gabriela. Brownies y cookies completan la propuesta, todos elaborados dentro de la cocina del local.
Aunque el invierno suele disparar el consumo de ramen, Gabriela enfatizó que la demanda se mantiene alta incluso en verano, principalmente gracias al público extranjero y a consumidores familiarizados con la cultura asiática. “Vienen muchísimos extranjeros y también público relacionado al anime y la cultura japonesa”, señaló.
El crecimiento de Karaku también se apoya en una experiencia que va más allá del plato. El local organiza actividades vinculadas a la cultura oriental, como noches de películas de Studio Ghibli, además de presentar opciones de platos inspirados en las películas.
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