Desde el taller especializado Japan PY explicaron que gran parte de los problemas que reciben diariamente están relacionados justamente con modificaciones que no respetan las medidas originales del vehículo o con la falta de mantenimiento preventivo.
Carlos Insfrán, propietario del taller, señaló a InfoNegocios que uno de los casos más comunes es el reemplazo de las llantas originales por modelos mucho más grandes únicamente por cuestiones estéticas.
“El vehículo viene diseñado para determinadas medidas. Muchas veces las personas cambian por estética y colocan llantas aro 18, 19 o 20 en vehículos que originalmente vienen con aro 14 o 15. Eso termina castigando demasiado el tren delantero, la suspensión y la dirección”, explicó.
Aunque para muchos conductores el cambio parece menor, en realidad modifica gran parte del comportamiento mecánico del automóvil. Las suspensiones están diseñadas para absorber impactos, mantener la estabilidad y distribuir correctamente el peso del vehículo. Cuando las llantas aumentan de tamaño o peso, el esfuerzo sobre amortiguadores, bujes, rótulas y otros componentes se incrementa considerablemente.
Además, el uso cotidiano en calles con baches, empedrados, desniveles o caminos deteriorados acelera todavía más el desgaste.
“La suspensión no solamente tiene que ver con comodidad. También influye directamente en la estabilidad, en el frenado y en la seguridad general del vehículo”, indicó.
Según explicó Insfrán, muchas veces los conductores no perciben el deterioro hasta que comienzan a aparecer señales más evidentes como ruidos metálicos, vibraciones en el volante, pérdida de estabilidad, desgaste irregular de cubiertas o movimientos extraños al pasar por baches y curvas.
El problema, aseguró, es que la mayoría de los propietarios lleva el vehículo recién cuando la falla ya está avanzada.
“El paraguayo normalmente trae el auto cuando ya escucha un ruido o siente que algo anda mal. Muy pocos hacen controles preventivos”, comentó.
En el taller recomendaron realizar verificaciones generales cada tres meses en vehículos de uso cotidiano, especialmente si circulan constantemente en zonas con calles deterioradas o si fueron modificados.
Actualmente, los controles ya no dependen únicamente de una prueba de manejo o de escuchar ruidos. En Japan PY utilizan un tester de suspensión, un sistema que simula el comportamiento real del vehículo sobre superficies irregulares y permite detectar fallas con mucha mayor precisión.
“El sistema hace como si el vehículo estuviera pasando por un empedrado y ahí se puede observar exactamente qué pieza está fallando. Incluso el cliente puede mirar directamente cuál es el problema”, explicó.
Según detalló, esta tecnología redujo bastante las reparaciones basadas en prueba y error, donde anteriormente muchas veces se cambiaban piezas sin identificar exactamente el origen de la falla.
Además de revisar suspensión, dirección y tren delantero, las inspecciones también incluyen controles de frenos, correas, mangueras y sistema de refrigeración.
“Muchas veces el cliente viene por un ruido en la suspensión y terminamos encontrando una manguera a punto de romperse, una correa desgastada o algún golpe importante debajo del vehículo que la persona ni siquiera sabía que tenía”, sostuvo.
En cuanto a costos, las reparaciones pueden variar bastante dependiendo del modelo, el estado del automóvil y las piezas afectadas. Sin embargo, trabajos completos relacionados con suspensión, dirección y tren delantero pueden rondar entre G. 4,5 millones y G. 5,5 millones.
Para el especialista, uno de los principales desafíos sigue siendo generar conciencia sobre el mantenimiento preventivo y sobre la importancia de respetar las especificaciones técnicas originales del vehículo.
“Hay sistemas con los que no se puede improvisar. Dirección, suspensión y frenos afectan directamente la estabilidad del auto. Ahí ya no es solamente un tema estético, también es un tema de seguridad”, concluyó.
Tu opinión enriquece este artículo: