Al principio, las dudas estaban afuera. Le decían que no iba a poder manejar una moto como la de su esposo porque era demasiado pesada. Pero apareció alguien que le dijo exactamente lo contrario: “Vos podés”.
Un compañero de su grupo de motociclistas se animó a enseñarle a mover la moto y, posteriormente, tomó clases con un instructor brasileño. Así comenzó una historia que rápidamente dejó de ser solamente la de una mujer aprendiendo a conducir.
Su primer viaje internacional fue a Argentina, específicamente a Salta, y desde entonces ya recorrió ocho países en moto como piloto.
“Para mí fue terapia”, contó Maria Lina en conversación con InfoNegocios, al recordar cómo la moto también se convirtió en una herramienta para atravesar uno de los momentos más difíciles de su vida.
De una moto a una comunidad
Hace tres años, mientras atravesaba un cuadro depresivo, Maria Lina decidió darle otra dimensión a ese mundo que ya la apasionaba.
Así nació la Fraternidad de Mujeres Motociclistas del Paraguay, con una idea que iba mucho más allá de organizar paseos.
“Yo busqué crear un grupo de amigas, una red grande, nacional, donde podamos capacitarnos”, explicó.
La iniciativa creció y el año pasado se constituyó la primera Asociación de Mujeres Motociclistas del país. Actualmente reúne a alrededor de 80 mujeres, con motocicletas que van desde bajas cilindradas hasta motos de alta cilindrada.
La comunidad está abierta a mujeres que ya conducen y también a aquellas que todavía están pensando en comenzar.
Pero hay una diferencia importante: el objetivo no es solamente salir a recorrer rutas.
Mujeres que también se capacitan
Dentro de la asociación realizan capacitaciones de manejo defensivo, maniobras a baja velocidad, frenado de emergencia y uso correcto del equipo de seguridad, además de actividades vinculadas al desarrollo personal.
También trabajan con empresas para conseguir beneficios y descuentos para las integrantes en talleres, equipamiento y cursos de capacitación.
La seguridad vial es, de hecho, uno de los principales ejes de la asociación.
Recientemente realizaron una jornada de seguridad vial junto con la Agencia Nacional de Tránsito, con apoyo de Lince Paraguay, y también recibieron capacitación de los agentes en manejo defensivo.
La agenda continúa con nuevas actividades, entre ellas una capacitación de defensa personal orientada específicamente a situaciones que pueden enfrentar las motociclistas mientras están sobre la moto.
De una Harley 1200 a una 1.600 cc
La primera moto de Maria Lina fue una Harley Davidson Sportster 1200, que utilizaba incluso para trasladarse diariamente al trabajo.
Con el tiempo pasó a una Harley Davidson Softail Heritage de 1.600 cc, principalmente porque necesitaba mayor potencia para realizar viajes internacionales.
Ahora, sin embargo, está mirando nuevamente hacia una moto de menor cilindrada para sus desplazamientos cotidianos y evalúa una de aproximadamente 300 cc.
Su experiencia también le permitió conocer las diferentes posibilidades que ofrece actualmente el mercado de motocicletas, que considera cada vez más amplio en términos de precios y facilidades.
Para ella, una moto puede ser una alternativa práctica y económica de movilidad, siempre que esté acompañada de conducción responsable y del equipamiento adecuado.
Pero hay algo más que la diferencia de un automóvil.
“Es práctico, es económico y, aparte de la facilidad y de esas condiciones, te abre la posibilidad de conocer un mundo maravilloso, que es la hermandad motociclista”, señaló.
Más que transporte, una comunidad
Para Maria Lina, el motociclismo terminó siendo mucho más que una manera de trasladarse.
La moto le permitió viajar, conocer personas y encontrar una comunidad que define como grande y solidaria. Y esa misma experiencia fue la que buscó replicar entre otras mujeres.
Hoy, la Asociación de Mujeres Motociclistas también trabaja en iniciativas de impacto social. Desde el año pasado lleva adelante Septiembre Amarillo, enfocado en la prevención del suicidio, y este año prepara una campaña nacional que incluirá la participación de clubes motociclistas y profesionales para la elaboración de los contenidos.
La idea es desarrollar dos campañas: una relacionada con seguridad vial y otra con prevención del suicidio.
Para ella, ese es justamente el siguiente paso de la comunidad: que las motos no sean solamente una excusa para viajar, sino también una herramienta para generar vínculos, capacitación y conciencia.
Porque aquella mujer a la que alguna vez le dijeron que una moto pesada no era para ella terminó demostrando lo contrario.
Aprendió a conducir, viajó por ocho países, cambió varias veces de moto y convirtió una pasión personal en una comunidad de 80 mujeres que hoy comparten rutas, capacitación y una misma filosofía: disfrutar de las motos, pero hacerlo con seguridad y acompañadas.
Las interesadas en formar parte de la comunidad pueden contactarse a través de las redes sociales de la Asociación de Mujeres Motociclistas.
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