El foco de las dudas no está puesto en el chasis ni en la aerodinámica, áreas en las que el equipo viene trabajando con ambición y recursos de primer nivel. El centro del debate pasa por la unidad de potencia. En un año donde el sistema híbrido adquiere mayor protagonismo y la parte eléctrica tendrá un peso decisivo en recta, cualquier debilidad en la entrega o en la gestión de energía impacta de forma directa en el cronómetro.
Los números de la pretemporada fueron elocuentes. Aston Martin completó 334 vueltas en seis días, el registro más bajo entre todos los equipos. Hubo jornadas en las que el monoplaza apenas pudo girar, acumulando muy poca información en pista. Las interrupciones no respondieron a un único incidente aislado, sino a una sucesión de inconvenientes técnicos, entre ellos problemas vinculados a la unidad de potencia y anomalías en los datos que obligaron a mantener el auto largos periodos en el garaje.
Uno de los episodios más representativos se produjo cuando Fernando Alonso inició una simulación de carrera. Tras completar varias tandas, el monoplaza se detuvo en pista y obligó a cancelar el programa previsto. Posteriormente, Honda confirmó que el incidente estaba relacionado con un problema en la batería, un componente clave dentro del nuevo esquema híbrido.
El cierre de las pruebas tampoco ofreció señales tranquilizadoras. Lance Stroll apenas pudo realizar vueltas de instalación antes de dar por terminado el plan antes de lo previsto. En términos de rendimiento puro, la mejor vuelta del equipo quedó lejos de las referencias más competitivas del test, evidenciando que no se trata solo de fiabilidad, sino también de prestaciones.
Desde la estructura británica reconocen que el desafío es significativo. Stroll admitió que el coche aún no ofrece el rendimiento esperado, mientras que Pedro de la Rosa, hoy embajador del equipo, subrayó la complejidad de un reglamento donde la gestión de la energía será determinante. El mensaje interno combina autocrítica y optimismo, pero asume que el margen de mejora es amplio.
El contexto tampoco es menor. Tras un 2023 prometedor y una caída marcada en 2024, Aston Martin necesita consolidar su crecimiento deportivo. El proyecto 2026 representa una oportunidad estratégica, pero también un riesgo: los motores serán homologados y las posibilidades de evolución quedarán limitadas hasta que la categoría active mecanismos de equilibrio entre fabricantes.
En ese escenario, lo que se presente en el arranque del campeonato tendrá un peso específico importante. Más allá de las expectativas generadas por la inversión y el talento técnico, el nuevo reglamento coloca a la unidad de potencia en el centro del rendimiento. Y, por ahora, ese es el frente donde Aston Martin enfrenta su examen más exigente.
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