Un roce invisible cambió un Mundial: el chip dentro de la pelota desató una nueva polémica en el fútbol

(Por TA) Una jugada del Mundial 2026 puso en el centro de la escena a una de las tecnologías más avanzadas que incorporó el fútbol en los últimos años. Un leve contacto con el balón, prácticamente imposible de apreciar en las repeticiones televisivas, bastó para que el VAR corrigiera una acción de juego gracias a un sensor instalado dentro de la pelota. El episodio despertó curiosidad sobre un sistema que busca ofrecer decisiones arbitrales con un nivel de precisión inédito.

El balón oficial del torneo incorpora la denominada Connected Ball Technology, una tecnología desarrollada por Adidas en conjunto con la FIFA y empresas especializadas en sensores deportivos. El objetivo consiste en complementar el trabajo del VAR mediante información en tiempo real sobre cada movimiento del balón durante un partido.

En el interior de la pelota se encuentra una Unidad de Medición Inercial (IMU, por sus siglas en inglés), un pequeño sensor suspendido en el centro del balón que registra constantemente datos relacionados con la velocidad, la aceleración, la rotación y la dirección del esférico. A diferencia de las cámaras, este dispositivo no depende del ángulo de visión ni de las condiciones del entorno para detectar un contacto.

El sistema recopila alrededor de 500 datos por segundo y los transmite de manera instantánea a la sala del VAR. Gracias a esa enorme cantidad de información, los árbitros pueden conocer con precisión el momento exacto en que un jugador toca el balón, incluso cuando el contacto resulta casi imperceptible para el ojo humano o las cámaras de televisión.

Esta tecnología trabaja de forma integrada con el sistema semiautomático de detección del fuera de juego. Mientras las cámaras ubicadas en el estadio siguen la posición de los futbolistas mediante inteligencia artificial, el sensor del balón determina el instante preciso del pase. La combinación de ambas herramientas permite reconstruir la jugada con mayor exactitud y reducir el margen de error en las decisiones arbitrales.

Uno de los ejemplos más recientes ocurrió durante el encuentro entre Portugal y Croacia en el Mundial 2026. En una jugada de ataque, el sensor detectó un ligero roce previo al gol croata, un detalle que las imágenes televisivas no lograban mostrar con claridad. Esa información permitió establecer el momento exacto del contacto y confirmó una posición adelantada que terminó anulando la conquista.

Aunque el episodio generó repercusiones entre jugadores e hinchas, también mostró el alcance de esta innovación. En situaciones donde la diferencia entre una decisión correcta y una equivocada depende de apenas milésimas de segundo, el sistema aporta datos objetivos que complementan la interpretación arbitral.

La FIFA comenzó a utilizar esta tecnología durante la Copa del Mundo de Qatar 2022, luego de varios años de pruebas en laboratorios y competencias internacionales. Desde entonces, el organismo ajustó el funcionamiento de los sensores para mejorar su precisión, velocidad de transmisión y compatibilidad con las herramientas de análisis utilizadas por el VAR.

El balón inteligente funciona mediante una batería recargable instalada junto al sensor. Sus componentes están diseñados para soportar impactos constantes sin alterar el peso, el equilibrio ni el comportamiento del esférico durante el juego. De esa manera, los futbolistas utilizan una pelota con las mismas características reglamentarias, mientras la tecnología opera de manera completamente invisible.

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