Retorno a las clases virtuales: ¿cómo acompañar a los niños?

Vuelven las clases virtuales/presenciales y con ellas -una vez más- el estrés para los niños y padres. En este contexto, hablamos con la psicóloga educacional Mariel Motta, quien nos brindó algunas recomendaciones sobre cómo ayudar a los chicos a sobrellevar la educación virtual y mantener una salud mental sana.

“Es importante establecer una rutina diaria que fomente un estilo de vida saludable”, inició la profesional. Para Motta, es importante realizar una planificación que incluya horas y hábitos de sueño, es decir, cuánto tiempo dormirá el niño y qué distractores debe dejar de lado para dormir o de lo contrario qué componentes podrían ayudar a hacerlo, como por ejemplo la lectura. 

También es fundamental tener en cuenta las horas de clases online y el tiempo de estudio posterior de acuerdo al horario, y a la vez, los espacios de ocio. A esto hay que añadir que los niños requieren de un lugar adecuado para estudiar (sin distracciones que influyan en su atención) y de una dieta equilibrada para rendir óptimamente.

“Es importante que la planificación del tiempo sea visualizada por el niño y si aún no sabe leer se pueden utilizar imágenes. Asimismo, es aconsejable hacer primero las tareas que la escuela indica y luego dejar el tiempo para los espacios de ocio y recreación, ya que si el niño primero invierte tiempo en algo de mayor agrado, a la hora de sentarse y hacer la tarea pueden venir los berrinches”, explicó la psicóloga. 

La especialista agregó además: “Por otro lado, cuando haya berrinches durante las horas de tareas, es mejor hacer una pequeña pausa y reprogramar el tiempo; y si es factible, acudir a otro familiar para el acompañamiento, puesto que si se establece como un hábito que las criaturas empiecen a crear problemas en el momento del estudio y los padres se ponen nerviosos, es posible que el niño asocie dicho horario con un estado emocional negativo”. 

¿Cuánto tiempo hay que dedicar al estudio, la recreación y el sueño?
Según Motta, el tiempo dedicado al sueño varía de acuerdo a la edad, a la etapa del desarrollo y a las necesidades individuales de cada niño, pero en líneas generales deben ser entre nueve a 12 horas en el rango de edad de seis a 10 años, y de ocho a nueve horas para niños mayores.

En cuanto al tiempo dedicado al estudio, también depende de la edad debido al tiempo que son capaces de sostener la atención. En niños escolarizados de nivel inicial, un tiempo de 20 a 30 minutos para hacer las tareas es lo ideal, en niños de primer ciclo (de primer a tercer grado) de 30 a 40 minutos, y en niños de segundo ciclo (de cuarto a sexto grado) de 40 minutos a una hora. En el caso de que las tareas lleven más tiempo se recomienda hacer una pausa de 10 a 15 minutos para volver a retomarlas luego, sin embargo, este corto descanso debe ser aprovechado para la distensión, hidratación o  alimentación, no para actividades que dificultarán el retorno a la concentración.

Otro punto relevante, y a tener en cuenta, es la recreación, si hablamos de mantener una mente sana y cuerpo saludable, no nos referimos a que los niños pasen horas frente a las pantallas de TV, computadoras o móviles, sino a realizar actividades que beneficien al crecimiento y desarrollo. Sobre el tema, Motta señaló que los juegos de mesa, la lectura, las manualidades, juegos de encastres y actividades físicas son las recomendables para las horas de esparcimiento, atendiendo a sus múltiples provechos. 

En cambio, no son favorecedoras las rutinas no equilibradas en las que se dedica tiempo excesivo al ocio y poco al descanso, así como la ausencia de espacios familiares, o sea, momentos en los que el niño pueda jugar con los padres o hermanos, compartir sus vivencias y manifestar sus preocupaciones. La psicóloga sugiere además no acumular las tareas ni forzar al niño a desarrollarlas de una vez.

-¿Qué consecuencias podría tener el desequilibrio escolar del niño y la falta de acompañamiento en el hogar? 


-“Puede sobrevenir un aumento de la ansiedad, lo que se manifestará en los picoteos en las comidas, el aumento de peso, morder las cosas, llantos sin una causa aparente y miedos. Otra consecuencia puede ser un bajo rendimiento académico porque el niño no se concentra durante el desarrollo de las clases o bien porque no realiza las tareas”, expresó la profesional.

Resaltó también otra consecuencia significativa: la afectación en el autoconcepto académico, es decir, en la imagen que tiene el niño de sí mismo como estudiante. “Si la criatura no logra entender lo que se está desarrollando en la clase y no recibe el acompañamiento en el hogar, las lagunas del conocimiento se van haciendo cada vez más grandes y eso hará que el niño sienta que no es inteligente y capaz, y por ende eso afectará a la vez su autoestima”, finalizó Motta.

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