Según Tamires Silvestre, directora de Sostenibilidad de Ball en América del Sur, el crecimiento de esta categoría no solo responde a una tendencia de mercado, sino también a una transformación en la forma en que los consumidores evalúan los productos. “La conversación sobre el agua hoy también pasa por el envase. La forma en que se distribuye, transporta y consume se volvió central dentro de la agenda de sostenibilidad”, señaló.
En ese contexto, el aluminio aparece como uno de los materiales mejor posicionados dentro de los esquemas de circularidad. La lata puede reciclarse múltiples veces sin perder calidad, lo que permite que vuelva al ciclo productivo como un nuevo envase. En países como Brasil, la tasa de reciclaje supera el 95%, mientras que en Argentina y Paraguay se ubica entre el 80% y el 90%, y en Chile ronda el 33%.
Además, el reciclaje de aluminio implica un ahorro cercano al 95% de la energía necesaria para producir el metal primario, lo que contribuye directamente a la reducción de emisiones. “El material mantiene sus propiedades originales incluso después de sucesivos ciclos de reaprovechamiento, lo que refuerza su rol en modelos de economía circular”, destacó Silvestre.
El crecimiento del agua en lata también está vinculado a cambios en los hábitos de consumo. Los usuarios priorizan cada vez más envases que combinen practicidad, seguridad y menor impacto ambiental. En Brasil, por ejemplo, esta categoría fue uno de los motores del crecimiento del mercado de latas para bebidas en 2024, que registró una expansión del 7,6%, según datos de Abralatas.
A nivel regional, el segmento muestra una evolución sostenida en mercados como Brasil, Argentina, Chile y Paraguay. El caso brasileño es el más dinámico, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 100% desde 2020, de acuerdo con estimaciones internas de Ball Corporation.
Más allá del volumen, también se observa una expansión en los canales de distribución. El agua en lata gana presencia en supermercados, eventos y puntos de conveniencia, posicionándose como una opción asociada al consumo “on the go” y actividades al aire libre.
Este fenómeno se enmarca en una tendencia global más amplia. Estudios de Euromonitor International muestran que el uso de latas se está extendiendo más allá de categorías tradicionales como cerveza y gaseosas, acompañando la diversificación del mercado de bebidas y la demanda por soluciones más sostenibles.
Al mismo tiempo, reportes de GlobalData indican que los consumidores —especialmente los más jóvenes— están adoptando hábitos más conscientes, priorizando bienestar, funcionalidad y productos con atractivo visual, lo que abre espacio para nuevas categorías.
En este escenario, el agua en lata se posiciona en la intersección entre salud y sostenibilidad. “La combinación entre conciencia ambiental y búsqueda de bienestar fortalece esta categoría y crea espacio para envases alineados con los compromisos ambientales de consumidores y empresas”, afirmó Silvestre.
El avance del segmento también dialoga con políticas y discusiones sobre responsabilidad extendida del productor y sistemas de logística inversa, que buscan aumentar las tasas de recuperación de envases.
De cara al futuro, el desafío no solo estará en el crecimiento del volumen, sino en consolidar un modelo de consumo más responsable. “La reflexión no es solo sobre el agua como recurso, sino sobre las decisiones que tomamos a lo largo de toda la cadena de valor”, concluyó Silvestre.
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