Para la región, el impacto es directo. América Latina es uno de los principales proveedores de alimentos del mundo, pero su modelo productivo depende en gran medida de la disponibilidad y gestión eficiente del recurso hídrico. El informe señala que hoy existe un desequilibrio global: mientras algunas regiones sobreexplotan sus fuentes de agua, otras —con mayor potencial— no logran aprovecharlas plenamente . Este escenario abre oportunidades, pero también riesgos para los países latinoamericanos.
Uno de los principales efectos sería en la productividad agrícola. La mejora en la gestión del agua podría aumentar significativamente los rendimientos, permitiendo una mayor producción sin expandir la frontera agrícola. Según el reporte, la irrigación —cuando se aplica de forma sostenible— puede duplicar o incluso triplicar los rendimientos en comparación con la agricultura de secano . Para economías agrícolas como Paraguay, Brasil o Argentina, esto implica una ventaja competitiva clave.
Sin embargo, el desafío no es solo productivo. La presión sobre los recursos naturales también se intensificará. Actualmente, cerca de la mitad de la producción mundial de alimentos depende de prácticas que exceden los límites ambientales, lo que pone en riesgo la sostenibilidad a largo plazo . En América Latina, donde coexisten grandes reservas hídricas con zonas vulnerables a sequías, la gestión equilibrada del agua será determinante para evitar crisis productivas y sociales.
En términos económicos, el impacto podría ser significativo. El informe destaca que una mejora del 10% en la productividad agrícola puede reducir la pobreza entre 2,5% y 3% . Esto posiciona a la inversión en sistemas de riego, tecnología y gestión hídrica como una herramienta estratégica no solo para el agro, sino para el desarrollo regional.
Además, la transformación del sistema hídrico podría dinamizar el empleo. A nivel global, la expansión de la irrigación tiene el potencial de generar hasta 245 millones de puestos de trabajo, especialmente en economías en desarrollo . América Latina podría capturar parte de este crecimiento, particularmente en cadenas vinculadas al agronegocio, tecnología agrícola y servicios asociados.
No obstante, el financiamiento será un factor crítico. El informe estima que se requerirán entre US$ 600.000 millones y US$ 1,8 billones a nivel global para transformar los sistemas agrícolas y de agua hacia 2050 . En este contexto, la región deberá redefinir sus políticas públicas, priorizando inversiones más eficientes y reduciendo subsidios distorsivos.
En síntesis, el futuro del agro latinoamericano estará marcado por su capacidad de gestionar el agua de manera inteligente. Más que una restricción, el recurso hídrico se perfila como un activo estratégico: bien administrado, puede impulsar crecimiento, empleo y competitividad; mal gestionado, podría convertirse en el principal límite para el desarrollo.
Tu opinión enriquece este artículo: