El Día Mundial de la Nutria, recordado cada último miércoles de mayo, abre una oportunidad para poner en agenda a dos especies nativas que cumplen un rol silencioso, pero fundamental, dentro de los ecosistemas acuáticos de Paraguay: la nutria gigante o arira’i (Pteronura brasiliensis) y el lobito de río o lobopé (Lontra longicaudis).
Ambas especies forman parte de la biodiversidad nacional y actúan como indicadores naturales de la calidad ambiental de ríos, arroyos y humedales. Su presencia suele estar asociada a ecosistemas con disponibilidad de alimento, agua en condiciones adecuadas, vegetación ribereña y menor presión humana. Por eso, cuando estos animales desaparecen de un territorio, también se enciende una señal de alerta sobre el estado del ambiente.
“La presencia de esta especie es indicadora de que el ecosistema está con buena salud, porque si está degradado, esta especie no va a estar”, afirmó Rodrigo Zárate, coordinador del programa SITIOS de Guyra Paraguay, en comunicación con InfoNegocios.
En Paraguay, la nutria gigante tiene una distribución mucho más restringida y se concentra principalmente en el Pantanal paraguayo. Según Zárate, esta especie puede encontrarse desde la zona de Puerto Olimpo hacia el norte, en ambientes donde todavía existen condiciones naturales favorables para su supervivencia. El Pantanal, compartido con Bolivia y Brasil, representa uno de los refugios más importantes para el arira’i dentro del territorio nacional.
El lobopé, en cambio, tiene una distribución más amplia y puede habitar diferentes cursos de agua del país, siempre dentro de sus áreas naturales de presencia. Aunque ambas especies son nativas de la región, sus comportamientos, necesidades ecológicas y zonas de distribución son diferentes, por lo que las estrategias de conservación también deben adaptarse a cada caso.
Zárate explicó que el trabajo de Guyra Paraguay se enfoca principalmente en la conservación del hábitat. La organización no solamente protege áreas naturales, sino que también genera información para orientar decisiones de manejo y definir dónde concentrar mayores esfuerzos de protección.
“Nosotros trabajamos en la conservación del hábitat para esta especie. Generamos información para la toma de decisiones, para saber dónde poner mayor esfuerzo”, señaló.
Entre las principales amenazas para las nutrias se encuentran la reducción y degradación de sus ambientes naturales, la presión sobre los cursos de agua y la cacería ilegal. Aunque en el caso de la nutria gigante todavía faltan estudios más amplios para conocer con precisión el tamaño de sus poblaciones en Paraguay, el deterioro de los ecosistemas donde habita es una preocupación central para las organizaciones de conservación.
Guyra Paraguay administra actualmente unas 36.700 hectáreas destinadas a la conservación en distintas ecorregiones del país, entre ellas el Bosque Atlántico, el Chaco Seco, zonas de transición y áreas vinculadas al Pantanal. En estos territorios, la institución trabaja con guardaparques, cámaras trampa, sensores acústicos y otras herramientas de monitoreo para registrar la presencia de fauna y conocer mejor el comportamiento de especies clave.
Según Zárate, la información generada por la organización es compartida con el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades), en el marco de una colaboración que busca fortalecer la toma de decisiones públicas. También destacó el apoyo de comunidades indígenas, organizaciones aliadas y fondos internacionales que permiten sostener acciones de conservación en el país.
El Día Mundial de la Nutria fue establecido en 2014 por la Fundación Internacional para la Supervivencia de la Nutria (IOSF, por sus siglas en inglés), con el objetivo de promover acciones para proteger a las 13 especies de nutrias que existen en el mundo. Todas ellas se encuentran incluidas en la lista roja de especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
Para Paraguay, la fecha no solo representa una oportunidad de sensibilización, sino también un llamado a mirar con mayor atención el valor estratégico de los humedales, ríos y bosques ribereños. Proteger a las nutrias implica conservar ecosistemas completos, que también sostienen biodiversidad, agua, pesca, comunidades locales y equilibrio ambiental.
En ese sentido, el arira’i y el lobopé son mucho más que especies emblemáticas. Son señales vivas del estado de los ambientes acuáticos. Allí donde todavía aparecen, también persiste una oportunidad para conservar uno de los patrimonios naturales más valiosos del país.
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