Por ahora, los usuarios de ChatGPT Plus, Pro y Enterprise quedan fuera de esta prueba, pero el movimiento deja claro el rumbo. La IA gratuita, tal como la conocemos, empieza a perder terreno frente a un modelo cada vez más parecido al de las grandes plataformas digitales: pagar para evitar anuncios.
Desde OpenAI justifican la medida bajo el paraguas de su misión fundacional. En sus llamados principios publicitarios, la empresa sostiene que su objetivo es “asegurar que la AGI beneficie a toda la humanidad” y que la publicidad permitiría hacer la IA “más accesible”. Sin embargo, el anuncio despertó ironías incluso dentro del ecosistema tecnológico. El científico computacional Pedro Domingos bromeó en X que AGI ahora significa Ad-Generated Income (ingresos generados por anuncios), una síntesis que refleja el escepticismo del sector.
Más allá del discurso, los números explican la decisión. OpenAI enfrenta costos operativos multimillonarios derivados del entrenamiento y funcionamiento de modelos cada vez más complejos. En 2024, su CEO Sam Altman había asegurado que la publicidad sería “el último recurso” para sostener el negocio. Un año después, ese recurso dejó de ser hipotético.
El caso recuerda inevitablemente a lo ocurrido con Netflix. La plataforma de streaming rechazó durante años cualquier forma de publicidad, calificándola como una experiencia negativa para el usuario. Sin embargo, ante la presión financiera, lanzó un plan con anuncios y modificó reglas clave como el uso compartido de cuentas. El resultado fue un servicio más fragmentado y una clara estrategia para empujar a los usuarios hacia planes pagos.
En el mundo de la IA, la lógica parece la misma. Hoy, la publicidad ya no es solo una fuente de ingresos, sino también una herramienta de presión. YouTube y Spotify lo demostraron: anuncios frecuentes, repetitivos y cada vez más intrusivos que convierten la suscripción en una forma de escape.
El objetivo de OpenAI es claro. Aunque ChatGPT registra unos 1.800 millones de usuarios, apenas el 5% paga por alguno de sus planes. La introducción de anuncios busca ampliar esa base. Y no estaría sola en esta estrategia: también circulan rumores de que Google evalúa integrar publicidad en Gemini.
Para los usuarios, aún queda una alternativa: modelos de IA ejecutados en local, como DeepSeek, Mistral o Llama. Estas opciones evitan anuncios, límites de uso y colas, aunque sacrifican rendimiento, escalabilidad e integraciones en la nube.
La fiesta de la inteligencia artificial no se financia sola. Y, como ya ocurrió en otros servicios digitales, el precio de la gratuidad empieza a pagarse con atención.
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