La empresa Beatbot presentó esta tecnología durante el CES 2026, una de las ferias tecnológicas más importantes del mundo. A diferencia de otros dispositivos submarinos, RoboTurtle no utiliza hélices ni estructuras metálicas visibles. Su diseño replica con notable precisión el cuerpo, la textura y los movimientos de una tortuga real, lo que le permite desplazarse de manera natural bajo el agua.
Detrás de esta apariencia no hay una decisión estética, sino científica. Los ingenieros de Beatbot estudiaron durante dos meses el comportamiento de tortugas marinas en su hábitat natural. Analizaron el movimiento de sus aletas, los giros, la forma en que ascienden y descienden y cómo reaccionan ante el entorno. El resultado es un robot que logra mimetizarse con el ambiente y reducir al mínimo cualquier alteración del ecosistema.
El principal valor de RoboTurtle radica en su capacidad para observar sin intervenir. El robot está equipado con cámaras, sensores y sistemas de medición que permiten analizar la calidad del agua, registrar especies marinas y monitorear arrecifes de coral. Estos entornos suelen verse afectados por la presencia humana: el ruido, la vibración y las corrientes artificiales generadas por buzos, submarinos o drones acuáticos tradicionales alteran el comportamiento de la fauna.
Según la empresa, distintas organizaciones ambientales ya manifestaron interés en utilizar esta tecnología para estudiar arrecifes dañados y evaluar su recuperación tras eventos vinculados a la actividad humana. La posibilidad de obtener datos sin perturbar el entorno representa una ventaja clave para la investigación marina.
Aunque pasa gran parte del tiempo bajo el agua, RoboTurtle necesita emerger periódicamente. Al igual que una tortuga real, asciende a la superficie para orientarse y continuar su misión. En ese momento, utiliza GPS para transmitir los datos recolectados y recarga energía mediante un panel solar integrado en su caparazón. Este sistema le permite operar durante largos periodos sin intervención humana y refuerza el enfoque sustentable del proyecto.
La inteligencia artificial que controla al robot aún se encuentra en etapa de aprendizaje. Si bien responde a gestos humanos y sigue rutas programadas, su desarrollo no está completo. El equipo de Beatbot estima que el despliegue operativo a gran escala podría concretarse en un plazo de entre tres y cinco años.
RoboTurtle forma parte de una nueva generación de tecnologías diseñadas para convivir con la naturaleza, no para imponerse sobre ella. Observa, recopila información y se retira sin dejar rastro. Tal vez, en un futuro cercano, alguien nade junto a una tortuga sin notar nada extraño. Y quizás esa “tortuga” esté registrando datos clave para entender y proteger el océano.
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