“La cultura de Jujuy es sincrética. Tenemos un crisol de gente que nos permite ofrecer diferentes costumbres en cada paso que uno da”, explicó la funcionaria. Esa diversidad se refleja tanto en la identidad de sus pueblos como en su geografía. La provincia cuenta con patrimonios de la humanidad, reservas de biosfera, parques nacionales y provinciales, donde el componente natural adquiere un protagonismo central.
Uno de los emblemas del destino es la Quebrada de Humahuaca, declarada Patrimonio Mundial por la Unesco por su valor cultural y natural. Allí se despliegan paisajes icónicos como el Cerro de los Siete Colores, en Purmamarca, y el imponente Cerro Hornocal, conocido como el Cerro de los Catorce Colores. “En poco territorio uno puede probar un poco de todo”, resumió la directora al describir la combinación de paisajes, gastronomía y cultura.
La propuesta turística incluye experiencias accesibles y sustentables. El recientemente inaugurado Tren Solar de la Quebrada recorre Volcán, Tumbaya, Purmamarca, Maimará y Tilcara, y funciona con energía solar. El servicio permite disfrutar del paisaje sin necesidad de conducir por caminos de montaña, mientras conecta algunos de los principales pueblos de la quebrada.
La diversidad geográfica marca el ritmo del viaje. Jujuy organiza su territorio en cuatro regiones turísticas que, en la práctica, conforman seis ambientes distintos. En el este, la selva de montaña —desprendimiento de la Amazonía— ofrece un entorno verde y cálido, con parques nacionales donde habitan tucanes, monos y, en zonas más alejadas, yaguaretés. En invierno, la estación seca facilita los recorridos y reduce el calor.
En los valles templados, donde se ubica la capital provincial, el visitante encuentra lagunas, parques provinciales y termas como las de Reyes, que combinan hotelería de calidad con piletas de agua termal. Van Balen Blanken señaló que la ciudad experimentó una transformación sostenida en la última década, con más museos, propuestas gastronómicas y vida nocturna.
Más al norte, la Puna y el altiplano despliegan salares y desiertos de altura. Las Salinas Grandes se convierten en una de las postales más buscadas, accesibles por la Ruta 52 rumbo al Paso de Jama. En esa misma región, Barrancas —en Abdón Castro Tolay— conserva un sitio arqueológico con grabados y pinturas rupestres que documentan antiguos caminos incaicos y preincaicos.
La identidad jujeña también se sostiene en su historia independentista. La provincia protagonizó ocho éxodos durante las guerras por la independencia, en una estrategia que permitió debilitar a las tropas realistas que avanzaban desde el norte. “Somos una ciudad belgraniana a ultranza”, afirmó la directora de Turismo al recordar el rol estratégico de la región en la consolidación del territorio argentino.
La gastronomía sintetiza esa mezcla de ambientes. En las zonas bajas aparecen maracuyá, palta, mango y mandioca; a medida que el camino asciende, se incorporan quinoa, carne de llama y vinos de altura. “Se genera una revolución en la cocina”, sostuvo Van Balen Blanken al describir la fusión entre lo andino, lo chaqueño y lo criollo.
Las celebraciones completan el calendario. Jujuy organiza festividades durante todo el año, con especial intensidad en el Carnaval, que se extiende durante tres meses e incluye rituales como el desentierro y entierro del diablo, además de homenajes a la Pachamama en agosto y celebraciones religiosas como Semana Santa y San Juan Bautista. “Todos los meses hay algo nuevo para descubrir”, aseguró la funcionaria.
Con infraestructura hotelera boutique, rutas pavimentadas sin peaje y una oferta que combina naturaleza, historia y tradición viva, Jujuy apuesta a consolidarse como un destino que invita a recorrer sin prisa, adaptarse a la altura y dejarse sorprender por un territorio donde cada kilómetro propone un paisaje distinto.
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