En entrevista con InfoNegocios, el gastroenterólogo Elías Morán González explicó cómo cuidar este ecosistema, qué prácticas conviene evitar y por qué es importante identificar la causa de las molestias digestivas antes de recurrir a dietas o tratamientos por cuenta propia.
La microbiota intestinal es el conjunto de microorganismos, como hongos, bacterias y arqueas, que habitan en el tracto digestivo. Su cantidad y diversidad aumentan a medida que se avanza desde la boca hacia el intestino grueso, por lo que el colon concentra una mayor población de estos microorganismos.
Cuando se produce un desequilibrio en la flora intestinal, conocido como disbiosis, las consecuencias pueden manifestarse tanto a nivel físico como psicológico. Entre los síntomas pueden aparecer dolor abdominal, distensión, flatulencia, diarrea y estreñimiento.
“A nivel psicológico, mucha tristeza, ansiedad”, señaló el especialista, quien también mencionó la fatiga marcada y las posibles repercusiones en el estado nutricional.
Uno de los síntomas más frecuentes es la hinchazón abdominal. Morán explicó que los desequilibrios también pueden relacionarse con problemas de absorción de nutrientes y que, aunque a corto plazo no siempre producen síntomas importantes, a largo plazo podrían estar asociados con otros trastornos.
“El problema de absorción de nutrientes y si bien a corto plazo no produce muchos síntomas a largo plazo podría estar relacionado con otros trastornos, no solamente digestivos, sino también metabólicos, por ejemplo, riesgo de tener diabetes, hipertensión, obesidad y cierto tipo de cáncer también, cáncer digestivo principalmente”, explicó.
La flora intestinal se beneficia de una alimentación variada, rica en fibra, presente en frutas, verduras y granos integrales, así como de grasas saludables, como el aceite de oliva y los frutos secos. La hidratación también es importante para mantener su equilibrio.
Por otro lado, el alcohol, el cigarrillo y los alimentos con alto contenido de azúcares refinados pueden perjudicarla. “El consumo excesivo de azúcar refinada puede favorecer el crecimiento de ciertos microorganismos intestinales y alterar el equilibrio de la microbiota”, señaló.
Esto puede reducir la diversidad de microorganismos beneficiosos y modificar su funcionamiento, además de favorecer procesos inflamatorios y alteraciones metabólicas.
Sin embargo, la salud intestinal no depende únicamente de lo que comemos. El estrés, el sedentarismo y la falta de descanso también pueden afectar a la microbiota.
En ese sentido, el especialista recomienda mantener una rutina de actividad física, dedicar tiempo al ocio y a las relaciones personales, y dormir entre siete y ocho horas por noche. También menciona alimentos fermentados, como el yogur, el kéfir y la kombucha, como opciones que pueden incorporarse a la alimentación.
La importancia de identificar las causas
El especialista destacó la importancia de identificar el origen del desequilibrio y no enfocarse únicamente en aliviar sus síntomas.
“Síntomas como la hinchazón o las alteraciones del tránsito intestinal también pueden estar relacionados con otras afecciones, como gastritis, reflujo, enfermedad celíaca, parasitosis o estreñimiento crónico”.
Por eso, el médico advirtió sobre la importancia de no eliminar alimentos como el gluten o los lácteos antes de realizar las evaluaciones correspondientes, ya que estas restricciones pueden dificultar el diagnóstico. La recomendación es consultar con un gastroenterólogo para identificar el origen del problema.
Finalmente, Morán subrayó que el tratamiento de la disbiosis debe enfocarse en encontrar la causa que la origina y no solamente en aliviar sus consecuencias. Según señaló, el abordaje puede requerir un equipo multidisciplinario integrado por gastroenterólogos, nutricionistas, profesionales de la salud mental y especialistas en actividad física, de acuerdo con las necesidades de cada paciente.
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