“Una de las intervenciones más poderosas para la salud cerebral es la actividad física”, afirmó la especialista. Explicó que el ejercicio favorece la plasticidad cerebral, genera nuevas conexiones entre las neuronas y reduce el riesgo de enfermedades frecuentes como el ACV, la demencia e incluso la depresión. También recomendó dormir al menos siete horas por noche, mantener horarios regulares de descanso y priorizar una alimentación rica en frutas, verduras, pescados, legumbres, frutos secos y aceite de oliva, siguiendo el modelo de la dieta mediterránea.
Caballero también destacó la importancia de mantener el cerebro activo durante toda la vida. Leer, aprender nuevas habilidades, desarrollar pasatiempos o adquirir nuevos conocimientos contribuye a aumentar la llamada reserva cognitiva, una capacidad que ayuda a retrasar la aparición de enfermedades neurodegenerativas. Además, insistió en controlar factores como la hipertensión, la diabetes, el colesterol elevado, la obesidad y el tabaquismo, ya que estas condiciones aumentan considerablemente el riesgo de sufrir trastornos neurológicos.
Entre las señales de alarma que requieren una consulta médica, la neuróloga mencionó los cambios persistentes en la memoria que afectan la vida cotidiana, la aparición de debilidad en alguna extremidad, las convulsiones, los temblores nuevos, los hormigueos constantes y los dolores de cabeza que comienzan después de los 50 años. “Cuando los olvidos dejan de ser ocasionales y empiezan a interferir con las actividades diarias, ya no hablamos de algo normal y es necesario consultar”, advirtió.
Respecto al componente hereditario, la especialista aclaró que no toda enfermedad que aparece en una familia necesariamente se transmite de generación en generación. Sin embargo, reconoció que existen patologías con una fuerte predisposición familiar. Como ejemplo, citó la migraña, una de las causas de consulta neurológica más frecuentes, cuya probabilidad de desarrollarse aumenta cuando existen antecedentes en familiares de primer grado.
La edad también influye en la aparición de distintas enfermedades. Mientras que la migraña suele manifestarse desde la juventud, los accidentes cerebrovasculares, las demencias y el Parkinson son más frecuentes después de los 50 años. La epilepsia, en cambio, presenta dos momentos de mayor incidencia: durante la infancia y la juventud y, nuevamente, en los adultos mayores. Los trastornos del sueño, por su parte, pueden aparecer en cualquier etapa de la vida.
“Perder la memoria no significa automáticamente tener Alzheimer”, remarcó Caballero al desmentir uno de los mitos más frecuentes. Aclaró que existen otras demencias menos comunes, cuadros de deterioro cognitivo leve e incluso enfermedades como la depresión y la ansiedad, que pueden afectar la memoria sin que se trate de un proceso neurodegenerativo. Por ese motivo, recomendó acudir al especialista ante cualquier cambio persistente para identificar la causa y recibir un tratamiento oportuno.
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