Las guías alimentarias de Estados Unidos cambiaron otra vez. Y, como cada vez que ocurre, la discusión trasciende la nutrición: alcanza a la política, la industria y la cultura alimentaria.
El documento impulsado por el U.S. Department of Agriculture abandona el esquema visual del MyPlate -tipo gráfico de torta- y recupera un modelo tipo pirámide invertida, donde las proteínas, los lácteos enteros y las grasas saludables pasan al primer plano, mientras los carbohidratos refinados pierden protagonismo.
Para la nutricionista Fabiana Gavilán (Reg. Prof. 2727), el cambio no es menor. “Se priorizan proteínas de alta calidad en cada comida, aproximadamente entre 1,2 y 1,6 gramos por kilo de peso corporal al día, más que en guías anteriores”, explicó.
La actualización también refuerza una idea cada vez más presente en la ciencia nutricional contemporánea: la importancia del grado de procesamiento de los alimentos.
Según la especialista, la guía “busca desplazar el paradigma de dieta baja en grasas hacia un modelo basado en alimentos enteros”, con énfasis en reducir ultraprocesados y azúcares añadidos.
Un giro impulsado por la salud pública
El cambio no surge en el vacío. Las tasas de obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares en Estados Unidos continúan en aumento, y la política sanitaria intenta revertir esa tendencia.
“Los datos oficiales muestran altas tasas de enfermedades metabólicas, lo que impulsa un enfoque preventivo”, señaló Gavilán.
La evidencia reciente coincide en que el problema no es solo cuánto se come, sino qué tan industrializado es lo que se consume. En ese sentido, el nuevo modelo deja atrás décadas de recomendaciones centradas casi exclusivamente en reducir grasas totales.
La contradicción de las grasas
Sin embargo, la guía mantiene un límite clásico: las grasas saturadas no deben superar el 10% de la energía diaria.
Ahí aparece la primera tensión. “La presencia destacada de carnes rojas y lácteos enteros frente a esa recomendación está siendo cuestionada por profesionales”, advirtió la nutricionista.
El aumento de estos alimentos —sin diferenciar perfiles de grasas— podría no reducir e incluso aumentar el riesgo cardiovascular en algunos grupos poblacionales.
Cuando la nutrición es política
Para la nutricionista, las guías alimentarias nunca fueron solo un documento científico. También son una herramienta de política pública que impacta en producción, mercado y consumo.
Gavilán señaló que existen cuestionamientos sobre posibles conflictos de interés tanto en la composición de los comités de expertos como en la decisión final del documento.
“Las guías alimentarias en Estados Unidos son también un documento político-administrativo, además de nutricional”, afirmó.
El protagonismo otorgado a carnes y lácteos alimenta el debate internacional: para algunos especialistas es un regreso a la comida real; para otros, un beneficio indirecto a determinados sectores productivos.
¿Sirven para Paraguay?
Trasladar estas recomendaciones a otros países no es automático.vLa especialista consideró que la aplicación debe ser parcial: reducir ultraprocesados es una recomendación universal, pero el resto requiere adaptación.
Factores como disponibilidad de alimentos, costo, educación nutricional y cultura gastronómica modifican completamente la implementación. Incluso alimentos tradicionales como la mandioca o la batata podrían interpretarse erróneamente si se replica el esquema sin contexto.
Además, recuerda que Paraguay ya trabaja en la actualización de sus propias guías alimentarias, vigentes desde 2015.
El problema de interpretar la pirámide
Los modelos visuales simplifican, pero también pueden confundir.
“Lo más importante siempre es saber que cada persona es un mundo aparte y ninguna guía reemplaza la consulta con profesionales”, afirmó Gavilán.
Las guías alimentarias buscan orientar a poblaciones enteras, no a individuos concretos. Por eso, cada actualización reabre el mismo dilema: la nutrición pública necesita simplificar, pero la salud humana es compleja.
Entre la ciencia y el mercado, la alimentación sigue siendo mucho más que lo que hay en el plato.
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