El Dr. Juan Jara, jefe de servicio de neurocirugía del IPS, recordó que el desarrollo del área comenzó en 1990 con la adquisición de equipamientos de vanguardia que marcaron un antes y un después para la medicina paraguaya.
“Ya en aquella época contábamos con un microscopio ZEISS que probablemente solo existía en centros de Estados Unidos. Paraguay empezó muy temprano a desarrollar neurocirugía de alto nivel”, afirmó.
Según explicó, durante los años noventa el servicio impulsó procedimientos complejos como cirugías para Parkinson, bypass intracerebral, intervenciones de columna y correcciones de escoliosis. Posteriormente, la cantidad de procedimientos aumentó de manera sostenida: el IPS realizaba unas 400 cirugías anuales entre 1996 y 2000, mientras que antes de 2016 la cifra ya rondaba las 1.200 intervenciones.
El crecimiento continuó en los últimos años con la expansión del equipo de especialistas y la división del servicio entre el Hospital Central e Ingavi. Esa estructura permitió ampliar la cartera de atención y aumentar la capacidad de respuesta para pacientes con patologías neurológicas complejas.
Entre los cuadros más frecuentes, Jara mencionó los tumores cerebrales primarios, tanto superficiales como profundos. En ese sentido, destacó el impacto de la neuronavegación y la robótica dentro del quirófano.
“La neuronavegación funciona prácticamente como un GPS. Nos guía para llegar a tumores muy pequeños y profundos sin generar daño adicional en los tejidos”, explicó.
La incorporación del brazo robótico también permitió aumentar la precisión en cirugías de epilepsia, columna y otros procedimientos delicados. El sistema trabaja junto a tomografías intraoperatorias que se realizan en apenas segundos y permiten a los médicos verificar en tiempo real la ubicación exacta de agujas, resecciones y márgenes quirúrgicos.
Jara aclaró que la tecnología no reemplaza la experiencia del cirujano, pero sí potencia sus capacidades técnicas dentro de intervenciones de alta complejidad.
“Las cirugías convencionales siguen siendo seguras y todavía las realizamos. Pero cuando trabajamos cerca de estructuras sensibles del cerebro, la navegación y la robótica marcan una enorme diferencia”, sostuvo.
El especialista también resaltó la estabilidad que aporta el brazo robótico frente a los movimientos naturales de la mano humana.
“El robot elimina prácticamente la pulsación o pequeños movimientos involuntarios que puede tener el cirujano. Un error mínimo de milímetros puede generar complicaciones importantes y esta tecnología ayuda a evitarlo”, indicó.
En cuanto al posicionamiento regional, el jefe de neurocirugía aseguró que Paraguay se convirtió en un centro de referencia para procedimientos complejos.
“Hoy, en un radio de 50 kilómetros alrededor de Asunción, un paciente puede acceder a prácticamente cualquier tipo de neurocirugía sin necesidad de viajar al exterior”, afirmó.
Según señaló, muchos tratamientos que antes obligaban a derivaciones hacia centros de Argentina o Brasil ahora se realizan dentro del país.
Por su parte, el Dr. Sebastián Pinheiro, médico residente en neurocirugía del IPS, destacó el impacto que estas tecnologías tendrán en la formación de las nuevas generaciones de especialistas paraguayos. Explicó que los residentes ya incorporan desde el inicio herramientas de robótica y neuronavegación como parte de su entrenamiento cotidiano.
“Antes muchos médicos debían salir del país y pagar capacitaciones muy costosas para aprender estas técnicas. Hoy nosotros nos formamos directamente con esta tecnología dentro del IPS y eso va a acelerar muchísimo la evolución de la neurocirugía paraguaya en los próximos años”, expresó Pinheiro.

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