El acuerdo elimina aranceles en cerca del 90% del comercio bilateral y combina compromisos regulatorios en segmentos como servicios, inversiones, propiedad intelectual, compras públicas, normas sanitarias, medidas ambientales, clima, subsidios, reglas de origen y competencia. El esquema no solo amplía mercados: eleva el estándar del juego económico, tensiona barreras no arancelarias y coloca a los países del Mercosur ante una agenda de modernización productiva, logística e institucional.
Para Paraguay, el acuerdo abre una ventana que mezcla oportunidad con exigencia. El acceso preferencial a uno de los mercados más sofisticados del mundo representa una puerta para bienes agroindustriales y servicios, pero exige convergencia sanitaria, trazabilidad, sostenibilidad ambiental y cumplimiento regulatorio.
El excanciller nacional Eladio Loizaga destacó el valor estratégico del acuerdo para insertar a Paraguay en un mercado de gran escala. “Estamos entrando a un mercado de casi 400 millones de personas”, afirmó, insistiendo en que negociar de manera aislada hubiera sido prácticamente imposible.
Recordó que durante las negociaciones se lograron resultados concretos para rubros paraguayos que antes no tenían acceso. Los beneficios no serán inmediatos, sino graduales. “Por donde se lo mire es beneficioso. Sé que hay muchas voces en contra, pero creo que hoy el mundo está muy convulsionado y este acuerdo con un grupo de países es demasiado importante”, remarcó.
Sobre este mismo punto, el economista Hugo Royg consideró que el acuerdo debe leerse desde una perspectiva más amplia: la tendencia histórica hacia la integración. “El futuro del mundo es la integración. Los países comercian cada vez más y la dinámica no es solo exportar lo que falta o importar lo que no se produce, sino participar en cadenas intraindustriales”.
Competitividad y mercados
Más allá del intercambio comercial, el economista proyectó también un impacto en la competitividad empresarial. La apertura a un mercado del tamaño europeo obligará a las firmas locales a sofisticarse, elevar estándares y ganar eficiencia. En ese contexto, anticipó además un mayor flujo de inversiones, siguiendo un patrón similar al que dejó el propio Mercosur en su primera etapa: primero comercio, luego industrias complementarias y, finalmente, capital en volumen.
Sobre los sectores, insistió en que el beneficio no será solo para el agro: “El primer impacto es en alimentos, pero el verdadero cambio será cuando los sectores agroindustriales y manufactureros entren a competir”. Para él, el desafío más urgente es interno: información, logística e infraestructura. “Paraguay es uno de los países más caros para comerciar en la región. Tenemos que invertir en transporte, reducir burocracia y eliminar barreras”.
Consultado sobre los sectores que podrían ganar competitividad, Royg explicó que el impacto inicial estará concentrado en los productos agropecuarios y agroindustriales, que hoy representan más del 60% del comercio paraguayo con la Unión Europea.
Sin embargo, para el economista, el mayor potencial se encuentra en el efecto dinámico: la posibilidad de que sectores industriales y manufactureros eleven estándares, incorporen trazabilidad y se adapten a los requerimientos europeos. Ese ajuste puede impulsar capacidades de comercio exterior y abrir espacio para competir en un mercado más sofisticado y globalizado.
La agroindustria, con visión cautelosa
Desde el sector agroindustrial, la visión es más cautelosa. El director de la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco), Hugo Pastore, reconoció la relevancia del acuerdo, pero advirtió sobre la forma en que la Unión Europea incorporó salvaguardas que no formaron parte de la negociación original.
“Lo que escriben con la mano lo borran con el codo”, expresó, al referirse a las cláusulas que permiten activar mecanismos de monitoreo y respuesta rápida.
En esa línea, es importante mencionar que la UE estableció un mecanismo de monitoreo y respuesta rápida: si las importaciones desde el Mercosur de ciertos productos “sensibles” (como azúcar, etanol, huevos, arroz, carne bovina y avícola, cítricos, entre otros) aumentan significativamente y deprimen los precios internos europeos por debajo de umbrales definidos, la UE podrá suspender temporalmente las preferencias arancelarias para esos productos.
“No se puede otorgar preferencias y después retirarlas si los precios bajan o si sube la participación de mercado. Eso no fue acordado”, cuestionó Pastore.
Consultado sobre sectores con potencial, mencionó que la carne tenía expectativas altas y que la harina de soja ya abastece parte de la producción europea de aves y cerdos. Sin embargo, reiteró que sin previsibilidad no habrá incentivos para que los productores inviertan en certificaciones y trazabilidad.
También advirtió sobre la ratificación legislativa. “Hay resistencia en países como Francia, Polonia, Hungría e Irlanda. Veremos si esto se ratifica en el Parlamento Europeo”. Y rescató la posición paraguaya: “El Ejecutivo fue claro: Paraguay no va a ratificar ningún acuerdo que afecte intereses de sus productores”.
Aún queda camino por recorrer
Aunque la aprobación del viernes marcó un hito diplomático, el acuerdo aún debe superar etapas formales antes de entrar plenamente en vigor. Tras la luz verde del Consejo de la Unión Europea, la firma del acuerdo está prevista para el sábado 17 de enero, en Asunción, Paraguay, con la presencia de los ministros de Relaciones Exteriores de los Estados Partes del Mercosur y el representante de la Comisión Europea. Luego su envío a los Congresos y Parlamentos de ambos bloques para su ratificación. Recién entonces el acuerdo podrá pasar a la fase de implementación, un proceso que se espera sea gradual y con períodos de transición sectoriales.
Desafíos para el país
La firma del acuerdo es apenas el comienzo: ahora se abre un capítulo de desafíos internos que Paraguay deberá encarar para aprovechar sus beneficios. El primero, según Royg, es recuperar información. Tras más de dos décadas de negociación, gran parte del contenido técnico del acuerdo, sus alcances y sus procedimientos se volvió difuso incluso para sectores productivos. Por ello, plantea que el Estado debe generar espacios de información y participación para que empresas, gremios y organismos públicos comprendan qué se negoció, qué productos están incluidos, qué trámites serán necesarios y qué barreras se eliminan o permanecen.
El segundo desafío es de infraestructura y logística. Recordó que Paraguay es uno de los países con mayores costos de comercio exterior en América Latina y que competir en un mercado más amplio exige reducir esos costos. Citó inversiones en transporte, hidrovía, carreteras, procesos portuarios y reducción de burocracia.
También ve en el acuerdo una oportunidad para impulsar la diversificación productiva. Con un mercado más amplio y nuevas cadenas de valor disponibles, Paraguay podría salir del esquema centrado en productos primarios y energía, insertándose también en segmentos agroindustriales, manufacturas y cadenas europeas y brasileñas. Esto exige innovaciones tecnológicas, normativas y regulatorias en materia ambiental, alimentaria, de etiquetado, propiedad intelectual y procedimientos aduaneros. “Ya no basta con vender: hay que cumplir estándares”, expresó.
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