Según datos manejados por el sector, alrededor del 10% u 11% de los colegios del país son privados, incluyendo a los subvencionados. Dentro de ese universo conviven realidades muy distintas: desde colegios de bajo costo, orientados a familias que realizan un esfuerzo mínimo para evitar el sistema público, hasta instituciones consideradas de élite, con cuotas inaccesibles para la mayoría de los hogares paraguayos.
En el segmento más económico, se observan colegios privados o subvencionados con cuotas que oscilan entre G. 250.000 y G. 500.000 mensuales. En el nivel medio, los valores se ubican entre G. 900.000 y G. 1,5 millones, mientras que en la franja alta aparecen colegios con cuotas superiores a G. 3 millones. “Si hablamos de los 20 o 30 colegios más caros, ninguno baja de ese nivel”, señala Speranza, especialmente en Asunción, aunque también en ciudades como Ciudad del Este y Encarnación.
A esta radiografía general se suman los datos aportados por Patricia Toyotoshi, presidenta de la Asociación de Instituciones Educativas Privadas del Paraguay (AIEPP), quien advierte que las cuotas varían significativamente según el nivel educativo, la cantidad de alumnos, los turnos y el tipo de propuesta pedagógica. Además, aclara que existen colegios bilingües cuyos valores son sensiblemente más altos.
De acuerdo con Toyotoshi, excluyendo a los colegios privados subvencionados por el Estado y a los colegios internacionales con profesores extranjeros, los valores aproximados en el sector privado son los siguientes: en el nivel inicial, las cuotas mensuales parten de G. 1.300.000 y pueden llegar hasta G. 3.850.000. En primaria, los valores mínimos rondan los G. 1.600.000 y los máximos alcanzan los G. 4.000.000. En el nivel secundario, las cuotas se ubican entre G. 1.800.000 y G. 4.100.000 mensuales.
Estos rangos reflejan una estructura de costos asociada no solo al aprendizaje, sino también a servicios complementarios. Los colegios de mayor valor suelen contar con laboratorios equipados, campos deportivos, actividades extracurriculares, programas bilingües y esquemas de capacitación permanente para sus docentes. “Pagan mejores salarios, son más exigentes y pueden invertir en formación continua”, explica Speranza, quien sostiene que esa capacidad de inversión impacta directamente en los resultados académicos.
Sin embargo, cuando el Ministerio de Educación presenta los resultados de aprendizaje de manera agregada, comparando colegios públicos con privados, las diferencias aparecen menos marcadas. Esto se debe, según el dirigente, a que dentro de la categoría “privado” se mezclan realidades muy dispares, desde colegios de bajo costo hasta instituciones de alta gama.
En comparación regional, Paraguay no se encuentra entre los países con educación privada más cara. Argentina, Brasil y Colombia cuentan con colegios aún más exclusivos. No obstante, la diferencia clave con los países desarrollados es que allí la educación pública ofrece estándares homogéneos de calidad, lo que reduce la necesidad de recurrir al sistema privado.
En Paraguay, el costo de la educación privada también responde a una percepción de brecha con el sistema público, impulsada por problemas de infraestructura y menor continuidad de clases. Programas como Hambre Cero buscan revertir esa dinámica, aunque Speranza insiste en que cualquier evaluación debe basarse en datos oficiales, disponibles en el Registro Único de Estudiantes.
Más allá del precio, el mayor desafío sigue siendo el aprendizaje. Cerca del 80% de los estudiantes no alcanza los niveles mínimos en comprensión lectora y matemáticas. “Podemos discutir cuánto cuesta un colegio, pero si los chicos no aprenden, el problema central sigue intacto”, concluye.
Foto: Las cuotas de los colegios privados en Paraguay varían según el nivel y la propuesta educativa, con valores que pueden superar los G. 4 millones mensuales en los segmentos más altos.
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