Eduardo Sosa Heisele: “Desde Paraguay estamos preparados para competir en un mundo cada vez más globalizado”

(Por MV) “Desde chico siempre tuve esas ganas de ser empresario”, recordó Eduardo Sosa Heisele, presidente de Insuin. Desde muy joven incursionó en diversas actividades, hasta que en la universidad decidió dar el paso de constituir su empresa, que con los años tomaría forma y le permitiría dedicarse de lleno a su propio negocio. De asalariado a empresario, con la convicción de que del esfuerzo y de los errores se aprende para salir adelante.

Fue en su etapa universitaria cuando nació la empresa, que en sus primeros años atravesó un proceso de búsqueda y consolidación. Con el tiempo, Insuin comenzó a expandirse, logrando una alianza con una multinacional del sector que le abrió las puertas a mercados como Argentina y Perú. El proyecto que marcó un antes y un después en la historia de la firma fue el trabajo realizado para Cementos Concepción. En este desafío, la compañía se encargó de toda la infraestructura eléctrica de la planta industrial, un proyecto que aceleró el crecimiento de Insuin. Actualmente, cuentan con más de 240 proyectos finalizados.

¿Cómo inició su carrera empresarial?

Desde chico siempre tuve el interés de ser empresario. Empecé vendiendo tortas y periódicos cuando tenía 8 años, y entre los 14 y 15 esa idea se volvió más fuerte, aunque no sabía exactamente en qué rubro. Estudié contabilidad porque pensaba que me ayudaría a mejorar en lo administrativo, pero después decidí estudiar ingeniería industrial con énfasis eléctrico, y fue durante la universidad cuando nació la idea de abrir mi empresa.

Los primeros años fueron de mucha inestabilidad, ya que aún estaba estudiando y no teníamos un rumbo claro. Trabajé casi dos años en Petropar, pero sentía que no era mi lugar; siempre quería algo más. A la par, Insuin ya existía, aunque estaba muy apagada. Cuando dejé Petropar, decidí dedicarme de lleno a la empresa.

Para mí, 2004 marca la constitución formal de Insuin, aunque recién en 2007 comenzamos a dar nuestros primeros pasos con algunos servicios. Entre 2004 y 2009 fueron años de dudas y definiciones, hasta que en 2009 empezó lo que considero la “nueva era” de Insuin. Desde entonces, todo lo que ganábamos lo reinvertíamos, construyendo poco a poco el negocio.

¿Qué obstáculos encontró para desarrollarse como empresario?

Bueno, en primer lugar, el conocimiento. Ser empresario no se estudia, se aprende siendo autodidacta, buscando experiencias y aprendiendo de los errores. Tarde o temprano la vida te pone a prueba, y si no aprendiste a tiempo, te tocará aprender “a las malas”, lo que cuesta dinero. Caerse es parte del proceso, pero lo importante es entender por qué suceden las cosas para no repetir los mismos errores. Para mí, ser autodidacta y rodearse de personas con la misma visión es clave. No existe una universidad para empresarios; por eso, formar parte de organizaciones como Vistage me ha ayudado a crecer, pero al inicio todo depende de uno mismo. Sin pasión, no se puede prosperar en este camino.

¿Cuál considera que es su mayor éxito como empresario?

Aún no considero que haya alcanzado mi mayor éxito como empresario. Si bien reconozco el camino recorrido, siento que lo que empezamos todavía no está terminado. Para mí, el verdadero éxito es seguir avanzando hasta mirar atrás y decir: “Wow, todo lo que recorrimos”. Tengo casi 41 años y todavía no siento que haya llegado a esa meta; creo que aún me falta mucho por lograr para sentirme realmente exitoso.

¿Qué consejo le hubiera gustado recibir cuando estaba iniciando su carrera empresarial y se lo daría a otro empresario ahora?

Seguir para adelante, cueste lo que cueste. Al final, siempre se encuentra la luz al final del túnel. Nunca cambiar de dirección, nunca cambiar de objetivo, por más que la adversidad haga que quieras tirar la toalla. Seguir para adelante. Y, claro, al final aparece la luz al final del túnel. En este proceso existe la ayuda divina de Dios también.

¿Es el Estado un aliado o un problema para el empresario? ¿Qué le reclamaría?

El Estado tiene sus propias reglas de juego y como empresario uno debe aprender a adaptarse a ellas. No veo esto como una traba, sino como una necesidad de entender la lógica del país para poder avanzar. Pensando en qué podría hacer el Estado, creo que el Banco Nacional de Fomento debería enfocarse más en fomentar el comercio y las empresas, porque al inicio no se cuenta con propiedades para acceder a un préstamo. Ahí está la diferencia entre préstamo y crédito: el crédito se basa en que crean en vos y en tu proyecto. El apalancamiento financiero es fundamental, pero sin una buena estructura puede ser muy peligroso.

¿Qué bondades y defectos tiene el empresario paraguayo?

Creo que una de las bondades del empresario paraguayo es su nacionalismo; siempre busca reinvertir en el país, generar fuentes de trabajo y bienestar. Esa es, para mí, la forma más clara de contribuir al desarrollo nacional.
En cuanto a los defectos, diría que el empresario paraguayo no siempre comparte conocimientos para que otros crezcan. Además, es bastante sentimental en los negocios: si hoy hago un trato con alguien y mañana con otro, puede haber enojo. Afuera, en cambio, los negocios son más dinámicos y las asociaciones cambian con rapidez. Aquí todavía cuesta entender que los negocios son, ante todo, oportunidades y números.

El empresario actual ¿debe tener alguna formación profesional relacionada con el mundo de los negocios?

Para mí, lo primero y más importante es entender conceptualmente cómo funciona una empresa. Siempre digo que es como aprender a andar en bicicleta: una vez que lo aprendes, no importa el tamaño o el tipo de bicicleta, siempre sabrás cómo manejarla. Lo mismo ocurre con las empresas: cuando comprendes su funcionamiento esencial, administrar cualquier tipo de negocio se vuelve mucho más fácil.

¿Un libro que todo CEO o gerente general debería leer? ¿Tiene alguna recomendación?

En realidad, leí bastante y escuché audiolibros. Todo lo que sume aumenta las posibilidades de que vayas a entender el concepto de la empresa. Pero, si tuviera que elegir un libro, me quedo con Padre Rico, Padre Pobre, de Robert Kiyosaki y Sharon Lechter. Me hizo un clic, porque uno, de repente, transita ciertos caminos y, al leer, entiende mejor.

Por eso siempre digo que tenés que pasar o entender lo que dice el libro para poder disfrutarlo. Cuando haces cosas o pasas por experiencias y después lees un libro que avala lo que estás haciendo, te das cuenta de que realmente estás en el buen camino, y eso es una satisfacción.

¿Cuál es su recomendación para mantener a su equipo motivado?

Para mí, lo más importante es hablar constantemente de la cultura empresarial y de hacia dónde vamos. Eso motiva más que el salario o las bonificaciones. También damos libertad a los gerentes para expresarse, dirigir e innovar. Hoy, nuestra cultura empresarial está alineada como si fuésemos una multinacional, con una visión organizacional más grande.

¿Cómo lidia con el estrés que le provoca la actividad empresarial?

Realmente no es estrés; no hay estrés cuando existe pasión, porque todo lo que te apasiona no te genera estrés, al contrario. Cuando uno pasa por un proceso de dificultades, al final aprende que siempre ocurren cosas y que uno decide si las acepta o no. Todo en la vida tiene solución, todo se va a arreglar en el momento en que se tenga que arreglar. No hay por qué estresarse; lo importante es entender hacia dónde vas y, sobre todo, hacer el bien siempre.

¿Tienes alguna frase que lo defina?

Tengo varias frases; Construir una empresa es como una obra de arte, uno no lo construye con el objetivo de ganar dinero, así como un pintor no pinta por el valor monetario de su obra. Sino por concepción genuina del arte en la mente; Sin pasión no existe propósito, sin propósito no se construye.

Otras son; De emprendedor a empresario, debemos dar el salto a la delegación; En los negocios no hay tiempo para enojarse, picharse ni encariñarse; y desde el Paraguay estamos preparados para competir en el mundo, hoy en día globalizado.

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