Del Barómetro se desprende una tesis general: la globalización no se detuvo, sino que se volvió pragmática, estratégica y condicionada. Las grandes potencias compiten, los bloques se reorganizan y los países de ingreso medio —incluida Sudamérica— buscan capturar oportunidades en cadenas globales sensibles como energía, minerales y servicios digitales.
El comercio y el capital se redistribuyen
Los datos confirman que el comercio global no se contrajo, sino que se reorganizó: los flujos se movieron hacia países geopolíticamente alineados, reduciendo la distancia promedio del comercio mundial en alrededor del 7% desde 2017.
El comercio de bienes —el núcleo histórico de este pilar— creció por debajo del PIB, mientras que los servicios y el capital mostraron mayor dinamismo. En paralelo, los anuncios de inversiones greenfield se concentraron en sectores estratégicos como chips, baterías, data centers y minerales críticos.
La paradoja es evidente: mientras EE.UU. y China intensifican restricciones y barreras, el comercio global encuentra rutas alternativas y nuevos bloques. Para las empresas, la conclusión es clara: la globalización continúa, pero su mapa cambió.
Innovación y tecnología, con cooperación al alza
Este fue el pilar con mejor desempeño en 2025. El crecimiento estuvo impulsado por una mayor circulación de datos, más inversión en infraestructura digital y un boom de centros de datos vinculados a la carrera por la inteligencia artificial. Las inversiones globales en data centers alcanzaron cifras récord, casi duplicándose en un año.
Sin embargo, el avance no evita las sombras. La cooperación en investigación científica se redujo, las restricciones tecnológicas entre grandes potencias se endurecieron y el comercio de componentes críticos se volvió más sensible.
En las encuestas del Barómetro, este es el pilar donde los expertos se muestran más pesimistas: el 87% cree que la cooperación tecnológica será menor en los próximos años, un indicador de que la competencia estratégica podría pesar más que el avance colectivo.
Capitales en alza, resultados insuficientes
El tercer pilar, clima y capital natural, muestra una de las contradicciones más visibles del Barómetro. Por un lado, aumentó la financiación climática global y se aceleró la instalación de energías renovables: en los últimos 18 meses se instaló más capacidad solar que en los tres años previos combinados.
Por otro lado, los resultados climáticos siguen sin alinearse con los objetivos del Acuerdo de París. La intensidad de emisiones por PIB cayó, pero las emisiones totales volvieron a aumentar y la protección de ecosistemas se estancó tras años de avance.
La lectura es inequívoca: hay cooperación para financiar la transición energética, pero no (todavía) para garantizar resultados ambientales estructurales.
Salud y bienestar, estables, pero con señales de alerta
Los indicadores sanitarios permanecieron estables, con mejoras en la esperanza de vida y reducción de la mortalidad en múltiples categorías. Sin embargo, la cooperación financiera se debilitó: la ayuda internacional en salud cayó un 6% en 2024 y volvió a descender en 2025, con recortes significativos por parte de los mayores donantes.
Mientras tanto, el comercio de bienes farmacéuticos aumentó, impulsado por innovaciones terapéuticas y exportaciones concentradas en Europa. El Barómetro plantea una duda central: ¿podrá sostenerse la mejora en los resultados sanitarios si se retrae la financiación multilateral?
El riesgo principal es que la reducción de la ayuda obligue a trasladar costos a países con menor capacidad fiscal, afectando su cobertura sanitaria en el mediano plazo.
Paz y seguridad: el pilar en mayor deterioro
La mayor ruptura del Barómetro aparece en el quinto pilar. La cooperación en paz y seguridad cayó a mínimos de los últimos años, con más conflictos activos, récord de desplazamientos forzados y un retroceso de la acción multilateral. Las operaciones de paz de la ONU disminuyeron, el número de resoluciones cayó y el financiamiento se redujo.
Este deterioro convive con un fenómeno emergente: coaliciones regionales que buscan ocupar el espacio vacío del multilateralismo, desde alianzas africanas hasta acuerdos bilaterales entre actores medianos. La “paz regionalizada” podría convertirse en el nuevo patrón del sistema internacional.
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