La ceremonia, celebrada en el Gran Teatro del Banco Central del Paraguay, contó con la presencia de los presidentes de Argentina, Javier Milei, Uruguay, Yamandú Orsi, y Paraguay, Santiago Peña, así como de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa.
El acuerdo, percibido como una respuesta estratégica al resurgimiento del proteccionismo comercial liderado por Estados Unidos, eliminará progresivamente los aranceles sobre aproximadamente el 92% de los intercambios comerciales entre ambos bloques en un plazo de hasta 15 años.
Para la Unión Europea, significa un ahorro anual de más de 4.000 millones de euros en derechos aduaneros, beneficiando principalmente a sectores industriales como el automovilístico, la maquinaria y los productos químicos. El Mercosur tendrá acceso preferencial para el 99% de las exportaciones agrícolas, aunque con salvaguardas estrictas. A su vez, se abren las puertas del mercado europeo para materias primas críticas.
Un logro de pragmatismo y diplomacia regional
Desde la perspectiva sudamericana, el acuerdo es visto como un triunfo del pragmatismo y la voluntad integradora. El presidente, Santiago Peña, quien ejerce la presidencia pro témpore del bloque, destacó que el pacto constituye "el compromiso comercial más importante del Mercosur" y un logro de la diplomacia regional. En un gesto de reconocimiento transversal, Peña subrayó el papel fundamental del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, afirmando que sin él no se iba a poder llegar a este acuerdo.
El presidente argentino, Javier Milei, enfatizó la filosofía de apertura detrás del acuerdo, señalando que "el encierro y el proteccionismo son los máximos causantes del crecimiento de la pobreza". Agradeció el apoyo decisivo de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, e instó a que, al implementarse, el acuerdo se cumpla plenamente, velando en los parlamentos para que las cuotas y salvaguardas no lo atenúen.
Por su parte, el presidente uruguayo, Yamandú Orsi, destacó la relevancia de apostar por las reglas comunes en "un tiempo de volatilidad", definiendo al Mercosur como "el camino del progreso" y subrayando que "la integración beneficia, no complica".
Una respuesta geopolítica a un mundo en transformación
Más allá de los beneficios comerciales, el acuerdo tiene una profunda dimensión geopolítica. Se firma en un contexto marcado por la agresiva política arancelaria del reelegido presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la creciente influencia de China en Sudamérica. Antonio Costa, presidente del Consejo de la UE, hizo una clara alusión a Trump al señalar que el pacto se da "en un momento en el que otros países ponen barreras".
Para Europa, el acuerdo es una pieza clave en su estrategia de autonomía estratégica. Le permite diversificar el acceso a minerales críticos esenciales para la transición verde y digital, como el litio, el níquel y el grafito, de los cuales los países del Mercosur poseen reservas considerables. Simultáneamente, refuerza la presencia europea en una región donde la influencia china había crecido notablemente.
La firma no significa el final del proceso. El acuerdo debe ser ratificado por el Parlamento Europeo y los congresos nacionales de los estados miembros de la UE y del Mercosur, un trámite que se anticipa complejo. La oposición interna en Europa es significativa, liderada por Francia y secundada por países como Polonia, Irlanda, Austria y Hungría.
El núcleo del rechazo se encuentra en el sector agrícola europeo, que teme la competencia de importaciones más baratas de carne, aves de corral o etanol, producidas bajo estándares sanitarios y ambientales menos estrictos que los comunitarios. En respuesta a estas preocupaciones, el acuerdo incluye un robusto mecanismo de salvaguardas.
Se activarán investigaciones automáticas si las importaciones de productos sensibles aumentan en volumen o bajan en precio en un 5%, pudiendo restablecerse aranceles de forma temporal. Además, se protegerán 344 indicaciones geográficas europeas, como el Parmigiano Reggiano o el Prosecco, y se reforzarán los controles fronterizos.
El presidente Peña advirtió contra "el error de la autocomplacencia" y llamó a mirar al futuro "con más coraje" para profundizar las coincidencias. Ursula von der Leyen, por su parte, enmarcó el pacto en una agenda común de crear oportunidades, proteger la naturaleza y realizar la transición energética mediante inversiones.
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