Se pueden encontrar varias marcas locales en guaraní, entre ellas se destacan, según la Dinapi: Amandau (heladería), Cambá (confitería), AO Paraguay (indumentaria), Yrendague (seguridad y gestión de valores), Kurupi (yerba mate), Jajogua Market (tienda de conveniencia), Jaguata, Ejoguake, Mboja’o (empresa social), Takuareʼe Resto (restaurante), Moroti (jabón), Yvy Moroti, Tape Ruvicha (importadora automotriz), Mandiʼo Ruvicha, Ñandete (infusiones), Ánga Café (cafetería) y Oñoirũ (yerba mate).
Además, hay otras reconocidas como Tajy (aseguradora), Areté (supermercado), Ja-virá (restaurante), Mbocaya (jabón), Javorai (restaurante), Tatombore (indumentaria), Katuete (constructora), Tatakua Alfajores, Jerovia Orgánico (alimentos), Áva Club (peluquería), Jakaru (alimentos), Itaú (banco), Karu (restaurante) y Ka’a Yara (yerba mate), entre otras.
En ese sentido, desde InfoNegocios conversamos con cuatro ejemplos de ellos: Amandau, Ñandete, Ánga Café y Oñoirũ– muestran cómo el guaraní puede convertirse en una poderosa herramienta de posicionamiento.
“El nombre Amandau en guaraní significa granizo”, contó Bianca Lavia, gerente de marketing de la firma. Y detrás de esa elección hay una anécdota que hoy forma parte de la historia viva de la empresa. “Nuestra primera heladería abrió sus puertas en diciembre de 1973, el mismo día en que cayó una fuerte tormenta con granizo en Asunción. Esa coincidencia inspiró el nombre que hasta hoy nos acompaña. Para nosotros, Amandau no es solo un nombre en guaraní, sino un símbolo de tradición y orgullo nacional”.
La identidad de Amandau trasciende lo comercial y se convirtió en parte de la cultura popular paraguaya. Una de las iniciativas que lo demuestra es el ya tradicional Día del Helado Gratis: “Nuestro nombre en guaraní refleja la esencia de una industria con mano de obra paraguaya, y al mismo tiempo nos permite crear nuestras propias tradiciones que ya forman parte de la cultura del país”, dijo Lavia.
Ese espíritu viene desde los fundadores, quienes tenían un objetivo claro: que el helado fuera accesible para todos, sin importar la edad o la condición social. “Queremos trascender el producto, crear vínculos emocionales y acompañar a las personas generación tras generación”, agregó.
La elección del idioma no fue casual. “Usar un nombre en guaraní genera un vínculo emocional inmediato con los clientes. Es un idioma que transmite cercanía y pertenencia”, afirmó la ejecutiva. La empresa hoy da empleo directo a más de 200 personas y trabaja con proveedores locales, combinando insumos importados con materias primas nacionales de calidad. “Cada producto es también una oportunidad de crecimiento para familias paraguayas”, resaltó Lavia.
“Ñandete significa nuestro té, pero también puede entenderse como lo nuestro, lo que nos pertenece”, explicó Jennifer Snaider, propietaria de la marca.
El nombre surgió como un homenaje a la costumbre profundamente paraguaya de consumir infusiones: mate, tereré, remedios yuyos. “Queríamos un nombre que exprese esa tradición compartida que nos une y nos identifica como paraguayos”, sostuvo Snaider.
Para Jennifer usar guaraní es tender un puente emocional con sus clientes: “Nuestros consumidores sienten que Ñandete los representa, porque habla en su idioma y rescata lo que muchas veces se da por sentado”. De esta manera, la marca ofrece un producto, y también una experiencia cultural que revive la memoria de generaciones.
Por otro lado, Ánga Café propone algo más que un buen café. “Ánga significa alma o espíritu en guaraní, y creemos que la cultura gastronómica de un pueblo refleja justamente eso: su alma”, afirmó el chef Marcelo Botti, uno de sus propietarios.
El espacio se define como un cruce entre sabores, arte y tradición. Desde su barra de palo santo hasta las tazas elaboradas por artesanos locales, todo transmite un vínculo con la identidad paraguaya reinterpretada de manera contemporánea. Incluso el menú incorpora elementos que dialogan con la tradición, como el cocido con espuma de humo servido en un recipiente hecho de chipa almidón.
“El nombre mismo es nuestra carta de presentación. Queríamos que sea breve, fuerte y fácil de recordar, pero que también nos conecte con lo más profundo de nuestra cultura”, afirmó Botti.
Además, Ánga Café apuesta a fortalecer la economía local a través de la compra a proveedores y artesanos nacionales. “Cuando un cliente nos elige, también está apoyando a quienes cultivan, elaboran y crean en Paraguay. De esa forma, nuestro proyecto cultural se convierte también en una apuesta económica por nuestra comunidad”, subraya.
El caso de Oñoirũ refleja un modelo colectivo nacido de la organización campesina. Su nombre en guaraní significa “compañeros” y remite al espíritu de unidad con el que, en el año 2001, 12 pequeños productores decidieron apostar por la producción agroecológica y orgánica en tiempos en que predominaba el agronegocio mecanizado.
“Para nosotros el nombre era una forma de reivindicar nuestra lengua y nuestra forma de vida en el campo paraguayo”, contó Pedro Vega, gerente general de la asociación. Hoy, Oñoirũ reúne a más de 150 productores en seis distritos de Itapúa y genera ingresos económicos que fortalecen a decenas de familias campesinas.
“Cada cliente aparte de ser un comprador, es un compañero que con su consumo está apoyando un modelo alternativo de desarrollo”, dijo Vega. El guaraní, en este caso, no solo es un recurso de marca, es un símbolo de resistencia cultural y social.
Además, la marca realizó su primera exportación al mercado europeo con el envío de un contenedor de 20.000 kilos de yerba mate orgánica dividida en 500 gramos.
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