Para Carlos “Porky” Ayala, fundador de ARK gimnasio junto con Renato Prono e Iván Torres, la amistad fue la base sobre la que se levantó mucho más que un gimnasio. Los tres compartían una misma forma de entender el entrenamiento, la disciplina y el alto rendimiento, por lo que decidieron transformar esa visión en un espacio donde esos valores fueran el eje de cada decisión. “Queríamos construir un gimnasio profesional respaldado por los mismos principios con los que entrenamos todos los días”, explicó Ayala.
Sin embargo, reconoce que trabajar con amigos también exige aprender a separar los afectos de las decisiones empresariales. “El gran desafío es diferenciar la amistad de la gestión operativa, definir roles claros y tomar decisiones frías cuando la empresa lo requiere”, sostuvo.
Aun así, asegura que las ventajas superan ampliamente las dificultades. La confianza absoluta, una comunicación directa y el compromiso compartido les permitieron consolidar una comunidad que sigue creciendo alrededor de ARK, que ya cuenta con dos sucursales.
Del emprendimiento a la amistad
Por otro lado, la historia de Birrini demuestra que, a veces, la amistad nace justamente a partir de un emprendimiento. Carlos Turrini recuerda que conoció a Mauricio Cáceres mientras elaboraban cerveza artesanal.
“Nuestra amistad tiene una historia un poco rara porque nos conocimos haciendo cerveza y, a partir de eso, se fue creando una amistad muy buena, que escaló hasta el punto de abrir una nueva marca de cerveza”, contó.
Lo que comenzó como un hobby fue fortaleciendo una relación auténtica que, con el tiempo, dio origen a Birrini, una marca que hoy ocupa un lugar consolidado dentro del mercado de cervezas artesanales del país.
Ese crecimiento también los llevó a expandir el negocio con Birrini Bar, un concepto presente en cinco food parks, donde, además de sus propias cervezas, ofrecen tragos, etiquetas artesanales de productores amigos y cerveza industrial. “Podemos decir que esta amistad fue forjada a través de la cerveza”, expresó Turrini.
El sueño del negocio propio
En Territorio Chopp, en cambio, el origen estuvo marcado por la amistad de años y un deseo compartido de emprender. Andrés Tejada y Enzo Gaona eran compañeros de colegio y también de trabajo cuando decidieron dar un giro a sus vidas laborales.
“Ellos decidieron que podían tener su propio local. Así nació, en 2015, Terri, que comenzó como un copetín de almuerzos y minutas”, comentó José Talavera, actual vicepresidente de la empresa, quien se incorporó posteriormente al equipo.
Casi sin proponérselo, los amigos también encontraron una oportunidad en la cerveza, pero de barril. En una época en la que el chopp aún no era una propuesta habitual, una única choppera bastó para captar la atención de los clientes.
Con el tiempo, el negocio redefinió su identidad, apostó por especializarse en cerveza de barril y comenzó a incorporar nuevas variedades y canillas, hasta convertirse en un referente del rubro.
“Con el tiempo, decidimos que el foco iba a ser el chopp. Así fuimos abriendo caminos, sumando más variedades y canillas de cerveza de barril, y nos especializamos en eso. Hoy, 11 años después, queremos volver a revolucionar la experiencia de los clientes con un nuevo modelo de bar café”, adelantó Talavera.
Cuando los socios también son amigos, las diferencias aparecen, como en cualquier relación. La clave está en que la confianza permite resolverlas con mayor transparencia y sin perder de vista el objetivo común.
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