El encuentro sirvió para destrabar canales de negociación que venían mostrando señales de enfriamiento en los últimos meses y dejó sobre la mesa una hoja de ruta que incluye comercio, inversiones, infraestructura y energía. En ese contexto, el presidente Santiago Peña confirmó su asistencia a una cumbre con Lula en Campo Grande el 22 de marzo, un gesto que busca apuntalar la relación bilateral más allá de lo estrictamente ambiental.
Vieira detalló que abordaron temas como tecnología, Itaipú, comercio bilateral, cooperación, Mercosur y crimen transnacional, además de las cuotas de integración y la relación general en materia cultural, económica y política. Por su parte, Ramírez Lezcano profundizó en el análisis del comercio y las inversiones, destacando que Brasil se mantiene como el principal inversor extranjero en Paraguay.
Los cancilleres también trataron puntos estratégicos como logística, hidrovía, el funcionamiento de los puentes binacionales y la construcción de los accesos a Carmelo Peralta y Puerto Moutinho, con especial énfasis en la navegación como eje del comercio regional.
En materia de seguridad, Ramírez Lezcano mencionó que conversaron sobre la visión global de la seguridad transnacional y la posibilidad de operaciones conjuntas entre las fuerzas aéreas, además del contrabando y los controles en la zona de la Triple Frontera, un punto neurálgico que afecta el clima de negocios en la región.
Previamente al encuentro con su par paraguayo, Vieira se reunió con el canciller de Uruguay, Mario Lubetkin, quien también se encuentra en Asunción por la asamblea del BID. Lubetkin publicó en su cuenta de X que evaluaron “los próximos eventos internacionales como CELAC y la Conferencia del Atlántico Sur, así como los futuros pasos en relación con el Mercosur”.
La decisión de Peña de aceptar la cumbre ambiental con Lula busca destrabar una relación que acumula varios frentes de tensión con impacto directo en los negocios. La falta de coordinación para la habilitación del Puente de la Integración, que derivó en inauguraciones separadas y cruces de agendas, dejó un antecedente negativo en diciembre pasado que afectó la logística bilateral.
Las diferencias de criterio sobre la tarifa eléctrica que aplica la ANDE y la cesión de energía al mercado brasileño mantienen las negociaciones del Anexo C en espera, pese a que los cancilleres anunciaron el año pasado un cronograma de reuniones para destrabar el tema.
La cumbre del 22 de marzo en Campo Grande será un termómetro de la relación bilateral. Peña y Lula compartirán escenario después de meses de diálogo a distancia y gestos de desconfianza mutua.
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