La marca nació en 2024, en un momento de búsqueda. Marlete venía de distintos rubros: trabajó en peluquería cuando sus hijas eran pequeñas, luego incursionó en stickers para uñas y otros productos artesanales. Pero necesitaba una actividad que pudiera sostener en el tiempo, que le permitiera organizar sus horarios y vender principalmente de forma online.
El nombre del emprendimiento tiene un valor afectivo. “Luna” es un nombre especial en su familia y terminó convirtiéndose en la identidad de un proyecto que hoy envía productos a todo el país.
Un modelo artesanal con base industrial
Aunque el producto final es completamente artesanal, el proceso combina tecnología y trabajo manual. Las piezas de madera son cortadas con láser por un proveedor, y a partir de ahí comienza la tarea más minuciosa: armado, pegado, lijado, pintura y detalles finales.
Cada casita lleva aproximadamente tres días de trabajo. El proceso incluye el ensamblado con adhesivo especial para madera, pintura estructural, colocación de techos, ventanas, flores decorativas, luces y muebles en miniatura. Además, cada pieza puede personalizarse con el nombre de la niña.
La línea incluye distintos tamaños y diseños: casitas de 60 y 80 centímetros, modelos más grandes de un metro y hasta versiones de 1,30 metros. También sumó recientemente castillos y nuevas propuestas orientadas a niños, ampliando su catálogo más allá del público tradicional.
Estacionalidad y estrategia de stock
El negocio tiene un comportamiento claramente estacional. Durante el año las ventas son constantes pero moderadas. Sin embargo, en Navidad y Reyes la demanda se dispara.
“Si tengo 50 casitas para esas fechas, las vendo todas”, explicó la emprendedora. Esa dinámica la obliga a planificar con anticipación, producir stock previo y organizar su capacidad de entrega, considerando que cada unidad requiere varios días de trabajo manual.
Cuando los pedidos son personalizados, el plazo promedio de entrega es de una semana, aunque suele anticiparse a las fechas comprometidas. Además, realiza envíos a todo el país, lo que le permitió ampliar su mercado más allá de Alto Paraná.
Precios y propuesta de valor
Los precios parten desde G. 480.000 para los modelos más pequeños. Los castillos arrancan en G. 550.000, las casitas de 80 centímetros rondan los G. 650.000 y las versiones de 1,30 metros superan los G. 1.200.000. Todos los modelos incluyen muebles, iluminación y detalles decorativos.
La propuesta no compite en volumen ni en producción industrial masiva, sino en personalización y dedicación. El diferencial está en el acabado artesanal y en la experiencia emocional que genera el producto final. Según comenta, uno de los momentos más gratificantes es recibir fotos de sus clientes con las niñas disfrutando las casitas ya instaladas en sus hogares.
Con apenas dos años de trayectoria, Casitas de Muñecas Luna se consolida como un ejemplo de emprendimiento regional que combina tecnología básica, trabajo manual intensivo y comercialización digital. Desde Santa Rita, Marilete demuestra que la escala no siempre es industrial: a veces se construye pieza por pieza, con paciencia, luces encendidas y nombre propio en la puerta.
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