KIR, dulces desde el alma: la historia de Karin González, la mujer detrás de los alfajores que conquistan paladares y llegaron a las góndolas de grandes cadenas

Hace dos décadas atrás, Karin González nunca imaginó que su vida daría un giro tan dulce, siendo abogada de profesión, su camino estaba en los tribunales, no en la cocina. Pero fue en medio de la rutina y los libros de derecho cuando una idea inesperada empezó a tomar forma, la de vender alfajores para ganarse un ingreso extra. Así nació KIR “dulces desde el alma”, una marca que comenzó casi como un juego y hoy se ha convertido en un emprendimiento que conquista corazones dentro y fuera del país.

"Jamás pensé que iba a dedicarme a esto", recordó Karin, con mucha nostalgia, en conversación con InfoNegocios. Todo empezó gracias a su hermana, quien era repostera. Juntas comenzaron a preparar alfajores de maicena y Karin los ofrecía en la cantina de la facultad donde estudiaba. "Le decía a mi hermana: hace los alfajores y yo vendo. Así de simple empezó todo". Lo que en ese momento parecía un pequeño experimento, con apenas 25 alfajores vendidos por semana, pronto fue creciendo, impulsado por el sabor casero y el cariño que ponían en cada bocado.

El nombre KIR también tiene un significado especial. Mientras practicaba yoga, Karin conoció el término Kir en sánscrito, que significa Dulce desde el Alma. "Me encantó el nombre, era para mí. Justo mi nombre es Karin, con K, y todo encajó", dijo. Desde entonces, cada alfajor que sale de su cocina es una extensión de esa filosofía.

Con el tiempo, KIR pasó de ser un pequeño emprendimiento casero a estar presente en más de 100 sucursales de Biggie y en otras cadenas de estaciones de servicio y tiendas. Karin sigue trabajando con un equipo pequeño, apenas seis personas, pero su compromiso es inquebrantable.

Lo más emotivo para ella es saber que sus alfajores conectan a los paraguayos con sus raíces. "Me escriben y me dicen que mis alfajores les recuerdan el sabor de Paraguay", cuenta conmovida. Historias de personas que llevan sus productos al extranjero y que al probarlos sienten nostalgia, un pedacito de hogar en cada mordida.

Karin nunca modificó la receta original del alfajor, su producto estrella. "El alfajor de maicena tiene el mismo sabor de hace 20 años. La misma receta. No la modifiqué nunca", dijo con orgullo.

Hoy, más que vender alfajores, tiene un catálogo variado con sabores como el clásico de maicena, canela, coco, café, choco blanco, negro, brigadeiro, nuez, maní, entre otros productos también se encuentra la pastafrola, todos estos productos ofrecen un pedacito de sabor auténtico y casero paraguayo en cada bocado.

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