“La idea pertenece a mi hermano. Cuando surgió fue hace diez años, cuando recién estaba llegando este estilo de arte al país”, explica. Sin embargo, recién hace poco más de dos años decidieron retomar el concepto y convertirlo en negocio. El objetivo fue claro desde el inicio: explotar la creatividad de las personas y ofrecer productos que reflejen su esencia.
El emprendimiento comenzó con remeras bordadas personalizadas, tanto en versión básica como oversize. El precio estándar ronda los G. 179.000, aunque puede variar según la complejidad del diseño. Cada pieza implica un proceso de adaptación, ya que no todas las imágenes funcionan igual en el formato bordado. Por eso, además de ejecutar ideas de clientes, el equipo orienta y realiza ajustes para optimizar el resultado final.
La inversión inicial no fue menor. Para adquirir la maquinaria necesaria, los hermanos optaron por un préstamo. “Siempre está el miedo antes de iniciar un negocio”, admitió García. El proceso incluyó una etapa de aprendizaje marcada por prueba y error hasta perfeccionar la técnica y lograr un producto competitivo. Al inicio ambos mantenían trabajos fijos; hoy se dedican 100% al emprendimiento.
Con el crecimiento de la marca, decidieron diversificar la oferta. Así surgieron los peluches personalizados, un producto que rápidamente ganó tracción en redes sociales. La dinámica es que los clientes envían fotos y detalles específicos, y el equipo adapta esa imagen a un muñeco personalizado. Los precios parten desde G. 190.000 y el plazo de entrega habitual es de dos a tres días hábiles, dependiendo de la demanda.
Según García, la mayoría de los pedidos de peluches corresponden a regalos para parejas, aunque también reciben solicitudes de personajes de anime, series, películas o artistas. A esto se suman cuadros bordados de mascotas, muchas veces encargados como homenaje tras la pérdida de un animal. “Son regalos muy personales”, señala.
El modelo de trabajo es bajo pedido, lo que les permite optimizar recursos y ajustar la producción a la demanda real. Además, la interacción directa con el cliente se convirtió en un diferencial: muchos envían mensajes agradeciendo el resultado y recomendando el servicio.
En un mercado donde la personalización gana cada vez más espacio, Club Creativo Paraguay encontró su nicho en la emoción. Más que vender productos textiles, el emprendimiento apunta a transformar recuerdos en objetos tangibles, combinando creatividad, técnica y una apuesta decidida por construir una marca con identidad propia.
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