“Yo me llamo Elías Sanabria Amara, tengo 22 años”, se presenta con sencillez. Su camino con el ñandutí comenzó casi por curiosidad. Se inscribió en un curso y asistió apenas a dos clases. “Ahí aprendí las técnicas”, contó. El resto fue intuición, práctica y mucha experimentación.
Lejos de limitarse a las figuras tradicionales, empezó a jugar con nuevas formas. “Fui innovando, haciendo varias figuras más que no son comunes. Empecé a encontrar figuras nuevas y cosas que me gustaban a mí”, explicó. Ese proceso creativo, casi autodidacta, se convirtió en el sello de su marca.
Del regalo entre amigos a los pedidos internacionales
Al principio, Elías tejía solo para él, para amigos o para su novia. Aros delicados que no pasaron desapercibidos. “A la gente le gustaba, entonces me pedían”, recordó. Así nació el emprendimiento: de la admiración espontánea.
Con el tiempo, comenzó a observar qué buscaban principalmente las mujeres ya que el ñandutí se asocia mucho a accesorios femeninos e innovó en diseños más modernos, sin perder la esencia artesanal.
Algunas historias lo marcaron especialmente. Un cliente le encargó un llavero en ñandutí con la bandera paraguaya unida a la brasileña, como obsequio para amigos que había hecho durante un evento internacional. Esa pieza viajó a Brasil. En otro caso, una creación similar unió a Paraguay con Argentina.
Uno de los pedidos más desafiantes fue el forrado en ñandutí del estuche de un instrumento de cuerda de una música europea. También realizó el logotipo en ñandutí para un elenco artístico de danza paraguaya y cuadros decorativos, como uno inspirado en el pájaro campana, rodeado de figuras florales y frutales.
Tiempo, paciencia y valor artesanal
Elías es claro al hablar de precios: el valor está directamente ligado a las horas de trabajo. Los aros innovadores cuestan alrededor de G. 35.000, mientras que los modelos tradicionales pueden encontrarse desde G. 20.000. Las piezas más complejas se presupuestan según el tiempo que demandan.
“Cuesta mucho tiempo”, resumió. Por eso, los pedidos suelen hacerse con anticipación. Aun así, cuando surge una urgencia —un regalo especial o un evento próximo— acelera el ritmo para cumplir.
Realiza envíos a través de plataformas de transporte y mantiene contacto con sus clientes principalmente a través de su cuenta de Instagram, Mburukuja Poty, donde exhibe sus creaciones.
Más allá del negocio, lo que lo mueve es algo más profundo. “Me encanta mucho el arte paraguayo. Me parece fascinante el arte que tenemos, es impresionante”, afirmó. Aunque tuvo que dejar las clases formales por la facultad, continuó aprendiendo por su cuenta. Para él, el amor por el arte es lo que permite innovar sin perder la esencia.
En cada hilo tensado y cada figura reinventada, Elías demuestra que la tradición no es estática sino que, puede renovarse en manos jóvenes que respetan el pasado, pero se animan a imaginar el futuro.
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