Casi 10.000 japoneses y descendientes en el país: la colectividad que dejó huella en el agro, la industria y los negocios

(Por BR) El 15 de mayo de 1936 marcó un punto de partida en la historia de la inmigración japonesa en Paraguay. Ese día llegaron los primeros japoneses bajo un convenio migratorio orientado principalmente al trabajo agrícola. Nueve décadas después, la Colectividad Japonesa y Nikkei, además de formar parte del tejido social paraguayo, también dejó huellas en sectores como la producción agrícola, la gastronomía, la cultura y los negocios.

María Cristina Matsumiya de Tanaka, vicepresidenta de la Comisión Ejecutiva de Eventos Conmemorativos de la Federación de Asociaciones Japonesas y Nikkei del Paraguay, explicó que los primeros inmigrantes llegaron con la misión de trabajar la tierra y desarrollar la agricultura en el país. “Independientemente de lo que hacían en Japón, a todos se los instaló en lo que llamamos colonia japonesa. La primera fue La Colmena, y en la posguerra fueron cuatro asentamientos en Itapúa: la colonia Federico Chávez, primero en 1954, y después otras como La Paz e Iguazú”.

Desde sus inicios, los inmigrantes japoneses aplicaron conocimientos agrícolas que ampliaron la diversidad de cultivos en Paraguay. En una época en la que las verduras disponibles eran limitadas —principalmente papa, cebolla y zapallo—, los japoneses comenzaron a introducir nuevas variedades hortícolas. “Entonces los japoneses, como tenían una variedad más amplia de hortalizas y verduras que consumían allá, muchos trajeron sus semillas, otros compraron plantines, pero comenzaron a realizar plantaciones un poquito más grandes de tomate, después zanahoria y, más adelante, porque ellos mismos querían consumir, se fueron incorporando otro tipo de verduras que durante mucho tiempo solo se conocían dentro de la colectividad japonesa, como la berenjena o la acelga japonesa”, relató Cristina.

También incorporaron alimentos tradicionales de su gastronomía, como el moyashi (brote de soja), lo que impulsó la siembra de soja no solo como producto comercial, sino también como base para la elaboración de alimentos típicos. A partir de esta producción surgieron emprendimientos que hoy forman parte de la industria alimentaria nacional. Un ejemplo son las marcas de salsa de soja Terabayashi y Sanken, que cuentan con cerca de 65 años de historia en Paraguay. Lo que comenzó como una producción casera destinada al consumo de la colectividad japonesa terminó consolidándose como marcas nacionales. “La idea era poder consumir nuestros propios alimentos, pero con el tiempo esos productos se difundieron y hoy forman parte del mercado local”, indicó Matsumiya.

Actualmente, la colectividad japonesa y sus descendientes en Paraguay alcanzan aproximadamente 10.000 personas, según estimaciones de la Federación de Asociaciones Japonesas y Nikkei del Paraguay. La comunidad ya cuenta con cinco generaciones de descendientes, lo que refleja el grado de arraigo e integración en el país. En muchos casos, incluso el apellido japonés se fue perdiendo con el paso del tiempo, pero la identidad cultural permanece viva.

Desde sus primeros años, los inmigrantes se organizaron en cooperativas para facilitar la comercialización de productos agrícolas. Paralelamente surgieron las asociaciones japonesas, que tenían como objetivo preservar la cultura y fortalecer la comunidad.

Hoy estas organizaciones se encuentran agrupadas en la Federación de Asociaciones Japonesas y Nikkei del Paraguay, que reúne 11 instituciones, entre ellas asociaciones en Asunción, Encarnación, Ciudad del Este, Pedro Juan Caballero, La Colmena, Pirapó, La Paz e Iguazú, además del Centro Nikkei Paraguayo.

Más allá de la producción agrícola, la colectividad japonesa trabajó activamente en la preservación de su cultura. Cada asociación mantiene institutos de enseñanza del idioma japonés, una herramienta clave para conservar el vínculo cultural entre generaciones. Además, a lo largo del año se organizan festivales tradicionales conocidos como matsuri, que combinan cultura, gastronomía y espectáculos artísticos. Entre los más conocidos se encuentran el Nihon Matsuri, Natsu Matsuri, Bon Odori y Costanera Matsuri. En estos encuentros se presentan expresiones culturales como el taiko (tambor japonés) y danzas tradicionales como el Bon Odori o el Yosakoi, que suelen involucrar activamente al público.

En el ámbito empresarial, la presencia de la colectividad japonesa también fue clave para facilitar la llegada de empresas japonesas al país, especialmente en el sector industrial y de autopartes bajo el régimen de maquila. Según Matsumiya, las compañías japonesas valoran la mano de obra paraguaya por su compromiso y estabilidad, además de encontrar en la comunidad nikkei un puente cultural que facilita su instalación.

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