El consumidor paraguayo ya no concentra todas sus compras en un único lugar ni en una sola ocasión. La compra grande del mes sigue teniendo peso, pero convive con reposiciones, compras al paso y necesidades inmediatas que abren oportunidades para formatos más pequeños y cercanos.
Mauricio Larrosa, gerente general de la consultora CCR Paraguay, explicó que el canal supermercado mostró un crecimiento importante en los últimos años, tanto en superficies pequeñas como medianas y grandes, impulsado principalmente por promociones, descuentos y beneficios que ayudan al consumidor a administrar mejor la economía familiar.
Según señaló, el supermercado también evolucionó en términos de experiencia de compra y amplió su propuesta más allá de los alimentos tradicionales.
“Hoy el supermercado responde a distintas misiones de compra que el consumidor reconoce y valora”, indicó. A la oferta de productos perecederos y no perecederos se sumaron categorías vinculadas con gastronomía, bienestar y otros servicios, lo que permitió a las cadenas captar una mayor diversidad de ocasiones de consumo.
Cada compra tiene su momento
Larrosa explicó que la elección del formato depende cada vez más de la misión concreta que tenga el consumidor.
Una compra puede estar asociada al abastecimiento del hogar, a la reposición de productos que se terminaron, a una ocasión especial, a un evento o simplemente a una necesidad surgida durante un trayecto.
En este último punto encuentran su principal oportunidad las tiendas de cercanía.
Gustavo Lezcano, presidente de la Cámara Paraguaya de Supermercados (Capasu), señaló que los minimercados y las tiendas de conveniencia cumplen principalmente una función de compra ocasional.
“No son una compra grande del mes o una compra de abastecimiento. Son más compras para solucionar un problema inmediato: me faltó carbón, aceite o algo puntual”, explicó.
Para Lezcano, este formato todavía no desplaza directamente al supermercado tradicional, aunque sí participa de la competencia y aumenta su presencia en momentos muy específicos de consumo.
El verdadero competidor: la despensa de barrio
Desde la perspectiva de Lezcano, uno de los sectores que más siente el avance de estos nuevos formatos es el de las despensas tradicionales.
La razón es simple: ambos compiten por la proximidad. “La cercanía y la disponibilidad” son, según explicó, algunos de los principales factores que vuelven atractivos a estos negocios. Si un consumidor no encuentra estacionamiento o tiene dificultades para acceder a un local, sabe que probablemente encontrará otro establecimiento similar a pocas cuadras.
La multiplicación de pequeños puntos de venta genera así una red comercial más densa y capaz de responder con mayor rapidez a las necesidades cotidianas.
Este modelo también reduce la dependencia de grandes desplazamientos y permite resolver compras en pocos minutos.
El tiempo también se convirtió en moneda
En la competencia entre formatos, el tiempo comienza a jugar un papel tan relevante como el precio o la ubicación.
Un supermercado grande puede ofrecer una variedad mucho mayor de productos, pero también obliga al consumidor a recorrer más metros y dedicar más minutos a encontrar lo que necesita.
En una tienda de conveniencia o minimercado, en cambio, la propuesta está concentrada. “En una tienda de conveniencia está todo más agrupado y más a la mano. El tiempo que podés demorar en buscar lo que querés es mucho más corto”, señaló Lezcano.
Esta característica podría cobrar todavía más importancia con el recambio generacional.
El presidente de Capasu sostuvo que los consumidores más jóvenes presentan un comportamiento más orientado a la rapidez y a la inmediatez, un factor que eventualmente podría generar mayor presión sobre los formatos tradicionales.
Los supermercados también se achican
El crecimiento de las tiendas de cercanía no pasa desapercibido para las grandes cadenas. Lezcano anticipó que los formatos tradicionales también podrían profundizar su apuesta por locales de menor tamaño, como supermercados exprés o puntos de venta compactos.
La estrategia permitiría a una misma empresa atender diferentes ocasiones de compra: grandes superficies para el abastecimiento completo y establecimientos pequeños para reposición o consumo inmediato.
La ampliación de horarios también forma parte de esta competencia.
Algunas cadenas ya incorporaron operaciones durante las 24 horas, una medida que les permite disputar las compras nocturnas o fuera de los horarios tradicionales.
Sin embargo, para Lezcano, el tamaño sigue representando una diferencia importante. Un supermercado puede permanecer abierto durante todo el día, pero la experiencia sigue siendo distinta frente a un local diseñado específicamente para comprar rápido.
Un consumidor que calcula más
Además de buscar rapidez, el comprador también se volvió más racional.
Larrosa afirmó que el consumidor actual realiza una evaluación constante de costo-beneficio y presta mayor atención a la forma en que cada gasto afecta a su economía familiar.
Las promociones y los descuentos continúan siendo determinantes, pero se sumaron nuevas exigencias relacionadas con innovación, bienestar y sustentabilidad.
El ejecutivo mencionó una mayor demanda de productos asociados con una vida saludable, como opciones reducidas en calorías, alimentos proteicos y otras categorías vinculadas al cuidado personal.
Este cambio obliga a las empresas a combinar conveniencia con precio, variedad y una oferta cada vez más segmentada.
La competencia ya no es solo por precio
El nuevo escenario del retail muestra que los grandes y pequeños formatos no necesariamente se excluyen.
El mismo consumidor puede elegir un hipermercado para abastecerse, un supermercado mediano para reponer productos y una tienda de conveniencia para una compra urgente.
La competencia se traslada así hacia otros atributos: ubicación, rapidez, horarios, promociones y capacidad de resolver una necesidad concreta.
Para las empresas, el desafío ya no consiste únicamente en vender más productos, sino en estar presentes en el momento exacto en que surge la compra.
La expansión de los formatos pequeños revela precisamente esa transformación: el negocio del retail ya no se juega solamente en los grandes salones. También se disputa en unos pocos metros cuadrados, a pocas cuadras del consumidor y en compras que pueden durar apenas unos minutos.
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