Minerales críticos: demanda global podría duplicarse y Paraguay busca entrar al mapa de las grandes inversiones

(Por SR) La demanda mundial de minerales podría duplicarse para 2040, según el Banco Mundial. En ese escenario, Paraguay aparece con señales alentadoras: oro, uranio, litio, titanio y tierras raras abren una nueva agenda de negocios para el país.

La carrera global por los minerales y metales se está acelerando. La urbanización, la agricultura, la digitalización, la electromovilidad y la transición energética impulsan una demanda que, según el Banco Mundial, podría duplicarse hacia 2040. Para los países en desarrollo con recursos naturales, el desafío ya no pasa solo por extraer, sino por convertir esa riqueza en empleo, infraestructura, proveedores locales, ingresos fiscales e industrias de mayor valor agregado.

Ese escenario abre una pregunta inevitable para Paraguay: ¿puede el país aprovechar esta nueva ola minera? Aunque todavía está lejos de los grandes productores de la región, los últimos datos muestran que el sector empieza a ganar volumen, formalidad e interés privado. El punto de partida es modesto, pero presenta señales que llaman la atención de inversionistas y autoridades.

Uno de los hitos recientes fue la exportación de oro. El viceministro de Minas y Energía, Mauricio Bejarano, señaló a InfoNegocios que en 2024 Paraguay exportó cerca de 600 kilos de oro, con envíos promedio de 50 kilos y Estados Unidos como principal mercado receptor. “Las exportaciones alcanzaron un volumen histórico”, afirmó, al destacar que este desempeño refleja un mayor protagonismo del país en los mercados internacionales.

Pero el oro es apenas una parte de la conversación. Paraguay también aparece en el radar por indicios de litio, uranio, titanio, hierro, cobre y tierras raras, minerales considerados estratégicos por su uso en baterías, energías limpias, tecnología, defensa, electrónica y generación nuclear. De acuerdo con datos compartidos por el sector, las zonas con mayor potencial se distribuyen en distintos puntos del territorio: el Chaco para litio y yeso; áreas cercanas a Brasil para tierras raras y cobre; el centro de la Región Oriental para uranio; Paso Yobái para oro; y Alto Paraná para titanio.

El caso del uranio es uno de los más llamativos. Bejarano afirmó que Paraguay cuenta con aproximadamente 8 millones de toneladas de uranio confirmadas y que existen tres o cuatro empresas explorando para una futura extracción. Este mineral cobra relevancia en un contexto de renovado interés mundial por la energía nuclear como fuente de generación estable y de bajas emisiones.

En paralelo, el litio despierta expectativas en el Chaco, aunque todavía se encuentra en una fase inicial. Según los datos brindados, dos consorcios están realizando tareas de prospección, sin extracción por el momento. Uno de los proyectos en Boquerón está liderado por el holding paraguayo-canadiense Chaco Mineral, con una inversión de US$ 30 millones en estudios geofísicos y análisis de suelo para evaluar la viabilidad del recurso.

La oportunidad, sin embargo, no se limita a exportar minerales. El Banco Mundial plantea que los grandes proyectos mineros pueden generar impacto más allá de la mina, mediante empleo, capacitación, proveedores locales, infraestructura, logística, energía y manufactura. En esa línea, el verdadero salto para Paraguay sería pasar de la prospección y extracción a un modelo capaz de agregar valor localmente.

Hoy la minería paraguaya ya mueve una base empresarial que no es menor. El Centro Paraguayo de Minería registra unas 80 firmas vinculadas a la explotación de recursos del subsuelo. Más del 90% de la actividad se concentra en piedra basáltica, muy demandada por obras viales, aunque también se explotan oro en Paso Yobái y piedra caliza en el norte. Según dicho gremio, cada empresa asociada emplea en promedio a unas 30 personas, lo que representa alrededor de 2.400 puestos de trabajo directos, sin contar proveedores y empleo indirecto.

El gran cuello de botella está en el marco normativo, los permisos, el financiamiento y la maduración de los proyectos. Referentes del sector coinciden en que la minería no despega de un día para otro: puede tomar entre ocho y diez años desde la prospección hasta la producción. Aun así, los proyectos de uranio y titanio aparecen más avanzados que los de litio o tierras raras, que todavía se encuentran en etapas iniciales.

En este contexto, el Gobierno trabaja en una nueva política minera y en una reforma del Código Minero, con foco en atraer inversiones, mejorar la sostenibilidad ambiental y brindar mayor previsibilidad a los proyectos. Para el sector privado, esa actualización será clave si Paraguay quiere pasar de ser un país con potencial geológico a convertirse en un jugador confiable dentro de la cadena global de minerales críticos.

La ventana está abierta. La demanda global se acelera, el capital busca nuevos destinos y Paraguay empieza a mostrar activos que hasta hace pocos años tenían baja visibilidad. El desafío será ordenar la casa, atraer inversión seria, formar mano de obra, cuidar el ambiente y lograr que la minería no sea solo una actividad extractiva, sino una nueva plataforma de empleo, tecnología e industrialización.



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