Así lo expresó para InfoNegocios Carlos Giménez, ministro de Agricultura y Ganadería, al analizar el impacto del acuerdo para el país. El titular del MAG sostuvo que, tras más de 25 años de negociaciones, la concreción del acuerdo debe ser entendida como un punto de partida. “Con el acuerdo se marca la cancha y después se va a ir viendo qué partido vamos a jugar”, resumió, al destacar la importancia de contar finalmente con un marco de reglas comunes.
Giménez recordó que el acuerdo UE–Mercosur es largamente esperado por la región y también necesario para Europa, que ve en Sudamérica un proveedor de alimentos y materias primas. En ese sentido, afirmó que el beneficio será mutuo y que Paraguay, en particular, tiene todavía amplios márgenes para crecer. “Tenemos mucha capacidad productiva y muchas fronteras por recorrer para llegar a nuestros puntos máximos de producción”, señaló.
El ministro reconoció, no obstante, que existen preocupaciones legítimas por parte de los gremios productivos locales, especialmente en torno a los volúmenes actuales de exportación hacia Europa, la previsibilidad del acceso y la posibilidad de que los países europeos busquen proteger su producción interna. “Es comprensible la inquietud”, dijo, aunque remarcó que esas tensiones también se dan del lado europeo y forman parte natural de cualquier proceso comercial.
En este contexto, cobra relevancia un punto técnico que genera debate: el régimen de salvaguardias bilaterales adoptado por la Unión Europea. Según un comunicado técnico difundido recientemente por la Unión de Gremios de la Producción (UGP), estas salvaguardias están formalmente vinculadas al acuerdo UE–Mercosur y no existirían sin él. Se trata de un reglamento aprobado de manera unilateral por la UE en diciembre de 2025, que le permite aplicar medidas de protección cuando detecte aumentos superiores al 5% en valor o volumen de importaciones desde el Mercosur que, a su criterio, amenacen a su producción local.
A diferencia del espíritu del acuerdo comercial —orientado a la apertura de mercados, la reducción de barreras arancelarias y no arancelarias y la integración económica—, las salvaguardias tienen una lógica defensiva. Pueden implicar la reintroducción de aranceles o restricciones, generando incertidumbre sobre la estabilidad de las condiciones pactadas originalmente. Este punto es observado con atención por los sectores productivos, ya que introduce un factor de discrecionalidad en el acceso al mercado europeo.
Consultado sobre este escenario, Giménez insistió en que la firma del acuerdo sigue siendo el paso más relevante. “Lo más importante es que se dé el acuerdo. Después habrá muchas cuestiones que ajustar por el camino”, afirmó. Para el ministro, negociar dentro de un marco acordado, aun con tensiones y ajustes permanentes, es preferible a hacerlo sin reglas claras. “La cancha ya está marcada; ahora hay que ver cómo se juega”, reiteró.
El titular del MAG también puso el foco en una debilidad estructural de Paraguay: el bajo nivel de agroindustrialización. “Producimos mucho, pero procesamos poco”, reconoció. En su visión, el acuerdo UE–Mercosur puede convertirse en un incentivo clave para atraer inversiones industriales, agregar valor en origen y diversificar la matriz exportadora. “Hay oportunidades de transformar lo que producimos, y para un país en proceso de desarrollo como el nuestro, eso es una ventaja”, subrayó.
Otro elemento destacado por Giménez es el contexto político en el que se daría la firma. El acuerdo se concretaría durante la presidencia pro tempore de Paraguay en el Mercosur, lo que otorga un valor simbólico adicional al rol del país. El ministro resaltó la insistencia del Poder Ejecutivo y el trabajo de la Cancillería para destrabar un proceso que sufrió demoras, pero que finalmente avanzó.
Para el Gobierno, el desafío hacia adelante será doble: aprovechar el acceso a un mercado de más de 700 millones de personas y, al mismo tiempo, prepararse para cumplir con exigencias sanitarias, ambientales y comerciales cada vez más estrictas. “Esto es comercio, y en comercio cada parte cuida su negocio”, señaló Giménez, al tiempo de insistir en que Paraguay debe mirar la oportunidad en su conjunto.
“Hay que mirar el bosque y no solo el árbol”, concluyó el ministro, convencido de que, pese a las salvaguardias y los ajustes que puedan surgir, el acuerdo con la Unión Europea abre una etapa clave para el agro y la economía paraguaya. El partido, como dijo, recién empieza.
Firma del acuerdo
La Comisión Europea confirmó que su presidenta Ursula Von Der Leyen, vendrá a Asunción el sábado 17 de enero para la firma del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea. Von Der Leyen será acompañada por el presidente del Consejo Europeo, António Costa.
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