La historia del emprendimiento comenzó en plena pandemia. Rocca se encontraba trabajando en el exterior, con contratos vinculados al rubro hotelero. Fue entonces cuando recibió la llamada de Giammarinaro, con quien ya había compartido experiencias laborales previas en Paraguay. “Mi idea era seguir trabajando afuera, pero la pandemia cambió todo. Mi socio me llamó y me dijo que vuelva, que acá había una oportunidad. Así empezamos a diseñar el proyecto de manera virtual, hasta que finalmente pude regresar al país y lo pusimos en marcha”, recordó Rocca.
El restaurante abrió sus puertas en una etapa todavía marcada por restricciones horarias y baja circulación de personas, lo que convirtió la apuesta en una decisión de alto riesgo. D’Alepo construyó una identidad basada en el respeto por las tradiciones culinarias. El concepto de “cocina de origen” responde justamente a eso: ofrecer platos que los socios conocen desde la experiencia personal, la historia familiar o la vivencia directa.
“Lo que hacemos, lo vivimos personalmente o lo mamamos en la infancia. Lo que aprendimos en un libro o en un colegio, eso no lo hacemos. Solo trabajamos con aquello que verdaderamente sabemos hacer de manera tradicional”, explicó Rocca.
La primera carta incluyó algunos platos árabes casi como un guiño personal. “Por gustos propios y por mis socios, que son de familia siria, dijimos: bueno, pongamos dos o tres platos árabes. Al final derivó en que la mitad de nuestra carta hoy es árabe y que hacemos buffet árabe y cenas de pasos árabes. Eso fue el puntapié para que la gente nos pida propuestas de otros países que somos capaces de hacer, porque lo que no somos capaces de hacer, no lo hacemos”, comentó Rocca.
Si bien mantienen clásicos como kibbe, falafel y hummus, la evolución del restaurante llevó a explorar recetas menos conocidas dentro del universo gastronómico de Medio Oriente.
“En la carta actual incorporamos platos que normalmente no se ven, ni siquiera en restaurantes árabes tradicionales. Tenemos, por ejemplo, una preparación de origen iraní con langostinos y curry. Son propuestas más elaboradas y al público le encanta”, sostuvo.
Para Rocca, uno de los errores habituales es reducir la cocina árabe a una sola identidad. Por eso, en D’Alepo trabajan sabores inspirados en países como Líbano, Egipto, Marruecos, Irán, Irak, Israel y Emiratos Árabes, rescatando ingredientes y técnicas diversas.
Otro de los diferenciales del restaurante son las experiencias especiales que desarrollan, principalmente los viernes. Una vez al mes realizan buffet árabe, mientras que otras fechas se destinan a cenas temáticas o fusiones gastronómicas. “Hace poco hicimos una cena donde fusionamos cocina Nikkei con cocina árabe. Nos gusta unir culturas que conocemos bien y generar algo distinto”, mencionó. También ya pasaron por la cocina propuestas orientales inspiradas en Tailandia, China y Japón.
El avance del turismo, la llegada de extranjeros al país y un consumidor paraguayo más curioso ayudaron al crecimiento del negocio. Según estimaciones de Javier, alrededor del 60% de la clientela del restaurante está compuesta por extranjeros. “Para un paraguayo, quizás un plato árabe todavía puede ser novedad, pero para muchos extranjeros es algo habitual. Eso hace que tengamos una clientela muy diversa”, indicó. A la par, también observó un cambio local: hoy más paraguayos se animan a probar sabores nuevos y salir de lo tradicional.
Además del restaurante, D’Alepo diversificó su operación con servicios de catering y experiencias privadas bajo el formato Chefs at Home, donde el equipo cocina en la casa del cliente para cumpleaños, reuniones o celebraciones. Durante la pandemia, esa unidad fue fundamental para sostener el negocio, y hoy continúa creciendo. “La gente sale menos y hace más cosas en su casa, por comodidad, tráfico o practicidad. Ese nicho crece muchísimo”, aseguró Rocca.
Si por la noche predominan los sabores internacionales, al mediodía manda otra lógica. Ubicado en una zona corporativa como Villa Morra, D’Alepo ofrece opciones ejecutivas con comidas más tradicionales. “El mediodía es auténticamente paraguayo. Ahí la gente busca vorí vorí, guisos, comida casera. Alguna vez podés meter algo chino o internacional, pero la preferencia sigue siendo paraguaya”, afirmó.
El restaurante también ganó notoriedad por sus buffets en fechas como el Día de la Madre o el Día del Padre, donde ofrecen asados, tablas frías, sushi en vivo, pastas y opciones familiares. “Eso lo mantenemos porque da resultado, a la gente le gusta y nos sale bien”, concluyó Rocca.
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