El foco está puesto en la unidad de potencia M17 E Performance, un V6 híbrido que, según la Fédération Internationale de l'Automobile (FIA), cumple con el límite reglamentario de relación de compresión fijado en 16:1. Sobre el papel, no hay infracción. Sin embargo, el modo en que se realizó la verificación técnica abrió interrogantes entre otros fabricantes.
La relación de compresión es un parámetro central en cualquier motor de combustión: determina cuánto se comprime la mezcla de aire y combustible dentro del cilindro antes de la explosión. Cuanto mayor es ese número, mayor puede ser la eficiencia térmica y, potencialmente, la potencia obtenida. En una Fórmula 1 cada vez más regulada y orientada a la eficiencia energética, cualquier décima de rendimiento adquiere un valor estratégico.
La controversia no gira tanto en torno al número declarado, sino a la metodología. La inspección técnica se habría realizado con el motor calentado previamente y medido a una temperatura determinada. Allí es donde algunos rivales sostienen que la medición podría no reflejar con exactitud el comportamiento real del propulsor en condiciones extremas de carrera.
Ingenieros de otros proyectos sugieren que el diseño de la cámara de combustión permitiría variaciones mínimas en el volumen efectivo según la temperatura de operación. En términos prácticos, el motor podría estar dentro del límite cuando es verificado bajo el procedimiento actual, pero comportarse de manera ligeramente distinta cuando funciona a plena exigencia en pista.
Desde la FIA, la posición ha sido clara: si el motor cumple con el método de medición establecido en el reglamento, es legal. Sin embargo, el debate trasciende la literalidad de la norma. Algunos fabricantes consideran que se debería revisar el procedimiento de control para que represente mejor las condiciones reales de uso, especialmente en una temporada que marcará un cambio profundo en las unidades de potencia.
El trasfondo es más amplio. En 2026 entran en escena nuevos actores y una arquitectura técnica renovada, lo que ha intensificado la competencia política entre fabricantes históricos y nuevos proyectos. En ese contexto, cada interpretación reglamentaria se convierte en un terreno de disputa estratégica.
La situación refleja una constante en la historia de la Fórmula 1: los ingenieros exploran cada zona gris del reglamento en busca de ventaja, mientras los rivales presionan para cerrar esas lagunas. No se trata solo de potencia, sino de quién define los límites.
Así, más allá de si el motor de Mercedes mantiene o no su validación sin cambios, el episodio deja una enseñanza clara: en la F1 contemporánea, la innovación no solo se mide en caballos de fuerza, sino en la capacidad de leer —y estirar— el reglamento hasta su frontera exacta.
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