La ganadería bubalina comienza a consolidarse como una opción con mayor proyección dentro del sistema productivo paraguayo, especialmente en un contexto en el que el clima y la disponibilidad de recursos forrajeros siguen marcando la dinámica del sector agropecuario. Así lo señaló a InfoNegocios el expresidente de la Asociación Rural del Paraguay (ARP), Pedro Galli, propietario de la estancia bubalina Toroveve y de la marca Bufabella, quien destacó las ventajas comparativas del búfalo frente al bovino tradicional.
El productor explicó que, si bien el búfalo presenta sensibilidad al calor extremo debido a su menor capacidad de sudoración, su comportamiento productivo mejora en condiciones más frescas y, sobre todo, en sistemas donde la alimentación no depende de forrajes de alta calidad.
“Son capaces de digerir forrajes de menor calidad, más leñosos o secos, lo que les brinda una gama más amplia de opciones alimenticias”, indicó.
Este punto resulta clave en un escenario agrícola donde la variabilidad climática impacta tanto en la ganadería como en la agricultura extensiva. En paralelo, el sector sojero paraguayo muestra señales de recuperación productiva, con proyecciones que, según técnicos del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), podrían superar los 2.800 kilos por hectárea bajo condiciones favorables, mientras que el promedio nacional se ha ubicado en campañas recientes entre 3.000 y 3.400 kilos por hectárea en los mejores escenarios productivos.
En ese contexto, Galli remarcó que el búfalo ofrece una ventaja estructural: su capacidad de conversión alimenticia.
“Tiene una flora bacteriana más rica en el rumen, lo que le permite transformar mejor los alimentos en kilos de carne”, explicó.
Esta eficiencia biológica se traduce en un menor requerimiento de insumos de alta calidad, un factor relevante en sistemas extensivos o en campos marginales.
Otra característica destacada por el productor es la rusticidad del animal. El búfalo puede desarrollarse en zonas donde el bovino presenta mayores limitaciones, especialmente en suelos menos productivos o con pasturas de menor valor nutricional.
“Es un animal más rústico, más económico de mantener y que prospera mejor en campos donde el bovino no se adapta tan fácilmente”, afirmó.
Además, el comportamiento climático proyectado para los próximos ciclos agrícolas y ganaderos agrega un elemento adicional de análisis. Con la posible influencia de fenómenos como El Niño hacia finales de año, el sector prevé escenarios de mayor humedad e incluso inundaciones en algunas regiones, lo que podría favorecer aún más la adaptación del búfalo, dada su mayor tolerancia a ambientes húmedos y a forrajes disponibles en terrenos anegados.
En términos de mercado, la expansión del sistema bubalino comienza a despertar interés entre productores que buscan diversificación y eficiencia en el uso de recursos. Galli aseguró que ya se observa un crecimiento sostenido del rubro, impulsado por menores costos de mantenimiento y mejores resultados en zonas de menor productividad agrícola y ganadera.
Mientras tanto, el agro paraguayo en su conjunto atraviesa una etapa de optimismo moderado, con la soja manteniéndose como principal motor de la economía rural y con perspectivas de rendimientos estables o crecientes si las condiciones climáticas acompañan. En ese escenario, la ganadería bubalina aparece como una alternativa complementaria, con potencial de expansión en territorios donde la eficiencia productiva marca la diferencia.
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