Cómo producir heno localmente ayudó a multiplicar por 15 la producción láctea de una comunidad

(Por SR) En el distrito de Abaí, departamento de Caazapá, el Comité de Productores de Leche Campito pasó de acopiar 180 litros diarios a superar los 2.800 litros por día, con picos de 3.000 litros mensuales en temporada alta. El salto productivo —que equivale a multiplicar por más de 15 veces el volumen inicial— no fue casual. Tuvo un componente técnico clave: la producción local de heno y la mejora del sistema forrajero.

La organización, que hoy reúne a 68 socios (de los cuales entre 18 y 20 comercializan leche cruda), encontró en la integración de su propia base alimentaria una de las palancas más importantes para crecer. “Aquí no se producía heno. Algunos compraban a los menonitas, pero ahora ya se produce localmente”, explicó Jorge Guerrero, facilitador y técnico administrativo del comité, en entrevista con InfoNegocios.

El cambio comenzó a partir del equipamiento recibido en 2024 mediante el Proyecto de Inserción a Mercados Agrarios (PIMA), que incluyó cortadora, rastrillo, enfardadora y encaladora. Esto permitió no solo elaborar heno en la propia comunidad, sino también mejorar la calidad del suelo y aumentar la disponibilidad de forrajes.

El heno cumple una función estratégica dentro del esquema productivo. Según Guerrero, “para las vaquillas en levante y para las vacas secas son fundamentales los henos porque son más baratos para mantener al animal”. Esta diferenciación nutricional reduce costos en categorías que no están en ordeñe y permite destinar ensilado de maíz y balanceado a las vacas en producción, donde el retorno económico es inmediato.

La lógica es clara: bajar el costo de mantenimiento del rodeo improductivo para potenciar el rodeo productivo. En términos empresariales, se trata de optimizar la estructura de costos sin comprometer el crecimiento del plantel.

El impacto fue directo en los números. De 180 litros diarios al inicio del proceso organizativo, el comité hoy produce entre 2.500 y 2.800 litros por día, lo que equivale a casi 80.000 litros mensuales. En los mejores meses, como septiembre y octubre, se comercializaron cerca de 90.000 litros. En 2025, el volumen anual rondó entre 800.000 y 900.000 litros, y la meta para este año es alcanzar el millón de litros.

La escala permitió además mejorar el poder de negociación. La leche se acopia y se envía a la Cooperativa Pindó, que a su vez la canaliza hacia la industria La Pradera, en el departamento Central. El comité incorporó un tanque enfriador de 5.000 litros, que se suma a seis tanques pequeños ya existentes, consolidando el volumen en un solo centro de acopio. “Quienes retiran consideran mucho el volumen. Pagar un plus depende de que puedan retirar una gran cantidad desde un solo lugar”, explicó Guerrero.

El sistema de frío es determinante en esta etapa. Pindó retira la leche día por medio, sin interrupciones, incluso en feriados. Mantener la cadena de frío garantiza calidad y precio.

Otro factor estructural fue la mejora del suelo mediante encalado. Todos los socios que producen ensilado de maíz aplicaron cal, lo que elevó la calidad del forraje. La producción ya no depende únicamente de la compra externa de alimentos, sino de una cadena integrada que comienza en la chacra.

En términos genéticos, la mayoría trabaja con la raza Holstein (Holando), orientada a mayor volumen, aunque algunos incorporan Jersey para elevar el nivel de grasa, parámetro que influye en el precio pagado por la industria.

El modelo de Campito demuestra que el crecimiento no vino únicamente por aumentar el número de vacas, sino por mejorar la eficiencia del sistema. La producción local de heno, combinada con equipamiento, mejora del suelo, cadena de frío y asociatividad, transformó una estructura incipiente en una unidad con proyección industrial.

Hoy, con producción en alza y sin techo de recepción por parte de la industria, el desafío inmediato es energético: los compresores del tanque de 5.000 litros demandan mayor suministro eléctrico. Pero el comité ya opera con una ventaja competitiva que antes no tenía: el control sobre su base alimentaria.

En un rubro donde el margen depende de litros y costos, producir heno localmente dejó de ser un detalle técnico. Se convirtió en el punto de inflexión que permitió multiplicar por 15 la producción y encaminar al comité hacia el millón de litros anuales.

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