Detrás de la marca están Gerónimo Villalba y Giovanni Sanson, dos cuñados asuncenos que, entre debates sobre alimentación, dieta keto y comida ultraprocesada, encontraron una oportunidad de negocio que hoy empieza a abrirse camino en el mercado local.
“La idea nació de la necesidad de encontrar un snack salado saludable, que se pueda comer sin culpa”, comentaron. Mientras en otros países existen productos similares como la cecina o el jerky, ellos querían desarrollar una versión distinta que sea menos procesada, más natural y con el sello de la carne paraguaya.
Así surgió la idea de crear una especie de “cecina 2.0”: chips de carne deshidratada, crocantes, sabrosos y pensados para quienes buscan alternativas low carb o keto friendly, aunque aseguran que el producto apunta mucho más allá de ese nicho.
Actualmente ofrecen cinco variedades: chips de carne vacuna, chips de pollo al curry, chips de cerdo a la paprika, panceta al horno y chicharrones horneados, estos últimos considerados los más “keto” de la línea.
Para ellos, la principal diferencia frente a otros snacks del mercado está en la calidad de la proteína. “Cualquier snack proteico difícilmente puede competir con los nutrientes y minerales que aporta la carne”, explicaron.
Proceso de elaboración
La producción se realiza en Areguá y cada lote requiere más de 24 horas de trabajo. El proceso comienza con carne magra proveniente del Chaco paraguayo, que primero es limpiada cuidadosamente para retirar la grasa externa. Luego, la carne se corta en fetas y se deja macerar durante un día completo en salmuera y especias.
Después llega la etapa esencial de la deshidratación a baja temperatura durante varias horas. En ese proceso, la carne pierde cerca del 70% de su peso, concentrando sabor y nutrientes. Finalmente, el producto se envasa en sobres herméticos preparados para conservarlo durante meses.
Detrás del emprendimiento también existe una combinación de perfiles que ayudó a convertir la idea en negocio. Giovanni aporta su experiencia en producción industrial e ingeniería, mientras que Gerónimo se enfoca en el área comercial, distribución y desarrollo de mercado.
Encontrar el espesor perfecto, ajustar tiempos de cocción y lograr la textura ideal fueron algunos de los mayores desafíos. “Crear un producto implica muchas pruebas, errores y ajustes constantes”, reconocen.
Otro punto complejo fue el packaging. Según comentaron, en Paraguay todavía existen pocas opciones accesibles para emprendimientos pequeños, por lo que incluso tuvieron que mirar al exterior para encontrar el envase que buscaban para la marca.
Hoy Chaco Chips vende principalmente a través de pedidos por WhatsApp y realiza envíos a todo el país en un plazo de 48 a 72 horas. Sin embargo, los planes van mucho más allá. Los emprendedores ya trabajan para ingresar a grandes cadenas de distribución y sueñan con exportar el producto, llevando la carne paraguaya a otros mercados bajo un formato innovador.
Mientras continúan desarrollando nuevas recetas, en Chaco Chips tiene como objetivo principal demostrar que un snack también puede ser natural, práctico y hecho con ingredientes nobles.
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