El planteamiento surge en medio del debate sobre la posibilidad de revisar el mecanismo de ajuste del salario mínimo, con propuestas que apuntan a considerar no solo la inflación, sino también el costo de vida y la evolución del poder adquisitivo. Desde el sector empresarial advierten que, si bien el objetivo de mejorar el ingreso es legítimo, cualquier modificación debe evaluarse con cuidado para evitar efectos no deseados sobre la formalización laboral.
En entrevista con InfoNegocios, la presidenta del Club de Ejecutivos, Laura Ramos, afirmó que “la estabilidad de las reglas de juego es un activo clave para la confianza y la inversión; sin un proceso claro, los cambios pueden afectar esa previsibilidad”.
Ramos remarcó que el debate debe desarrollarse dentro de un marco institucional y técnico, evitando decisiones coyunturales que puedan generar incertidumbre en el mercado laboral. “Es importante que este tipo de discusiones se den en un marco técnico e institucional, evitando que respondan a dinámicas coyunturales”, expresó.
Asimismo, consideró que el eventual cambio en el criterio de ajuste no debería abordarse como una medida aislada. “Más que una decisión puntual, esto debe encararse como una política pública estable, previsible y consensuada”, sostuvo.
La titular del Club de Ejecutivos también subrayó que el desafío consiste en compatibilizar la mejora del ingreso con la generación de empleo formal. “Mejorar el ingreso del trabajador es un objetivo legítimo, pero debe hacerse sin debilitar la generación de empleo formal ni la previsibilidad del clima de negocios”, agregó.
Desde la Asociación de Empresarios Cristianos (Adec), su presidente, Jorge Figueredo, coincidió en que la discusión debe contemplar tanto la dimensión económica como el impacto social del salario mínimo. “Detrás del salario mínimo hay familias, hay dignidad, hay personas que todos los días hacen su mayor esfuerzo para salir adelante”, manifestó en conversación con nuestro diario.
Figueredo sostuvo que un ajuste sostenible requiere analizar múltiples variables, entre ellas la inflación, el costo de vida y la productividad. “Un salario mínimo sostenible requiere considerar la inflación —especialmente en lo que más impacta a los hogares—, el costo de vida real de las familias y también la productividad”, explicó.
El titular de Adec también remarcó que la mejora del ingreso debe acompañarse de medidas que impulsen la formalización laboral y la generación de oportunidades. “Cuidar el empleo es también cuidar a las personas, porque sin trabajo digno no hay desarrollo posible”, indicó, al tiempo de advertir que el proceso debe evitar frenar el crecimiento del empleo formal.
Además, señaló que el debate no debe centrarse únicamente en la fijación de un monto, sino en la construcción de un equilibrio que permita mejorar la calidad de vida sin comprometer la actividad económica. “El desafío no es solo fijar un número, sino construir un equilibrio justo: un salario que acompañe la realidad de las familias paraguayas y que, al mismo tiempo, permita sostener y crear empleo en el país”, afirmó.
La discusión sobre el salario mínimo cobra fuerza en un contexto en el que se busca recuperar el poder adquisitivo de los trabajadores, pero también sostener la competitividad de las empresas y la formalización laboral. En ese escenario, los referentes empresariales coinciden en que la clave será avanzar hacia un esquema previsible, consensuado y técnicamente sustentado, que permita equilibrar crecimiento económico, empleo e ingresos.
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