Así lo explicó Víctor Fernández, presidente de la Cámara Paraguaya de Minería (Capami), en entrevista con InfoNegocios, y detalló que los proyectos de uranio más avanzados en territorio nacional están liderados por la empresa Uranium Energy Corp, la misma compañía que impulsa el desarrollo del yacimiento de titanio en Alto Paraná. Según indicó, estas iniciativas se encuentran “muy cerca” de ingresar a la fase de desarrollo, paso previo a la construcción y eventual explotación.
Los proyectos de uranio se concentran principalmente en la Región Oriental. Uno de ellos está ubicado en el departamento de Caazapá, en la localidad de San Antonio, distrito de Yuty, mientras que otro se localiza en la zona conocida como Proyecto Coronel Oviedo, específicamente en RI 3 Corrales, hacia Carayaó, en el departamento de Caaguazú. Se trata de áreas con características geológicas favorables, insertas en una franja con potencial uranífero que se extiende desde Itapúa hasta Mbuyapey y que continúa siendo objeto de interés exploratorio.
En términos de recursos, el proyecto de Yuty ya cuenta con una certificación preliminar de alrededor de 11 millones de libras de uranio, equivalentes a unas 4.800 toneladas. Fernández aclaró que esta cifra no es definitiva y que, con el avance de los trabajos, el volumen podría duplicarse o incluso triplicarse. “Es una estimación inicial, sujeta a ampliarse a medida que se profundicen los estudios”, explicó.
Si bien no se trata de una mina de escala extraordinaria a nivel global, el titular de Capami subrayó que el valor estratégico del uranio le otorga una relevancia especial. “Cuando hablamos de minerales críticos, incluso depósitos de tamaño medio se vuelven importantes”, señaló, aludiendo al rol del uranio como insumo clave para la generación de energía nuclear, considerada por muchos países como una fuente limpia y estable dentro del proceso de transición energética.
El renovado interés por este mineral se da en un escenario internacional favorable. La demanda global de uranio y otros minerales críticos se encuentra en alza, impulsada por políticas de descarbonización, seguridad energética y desarrollo tecnológico. En ese contexto, Paraguay comienza a atraer la atención de empresas extranjeras, especialmente de origen canadiense, estadounidense y europeo, regiones con amplia trayectoria en minería y exploración.
Fernández destacó que Canadá concentra buena parte de las compañías que hoy operan o exploran en el país, debido a su experiencia y liderazgo tecnológico en el sector. “Paraguay está todavía en una etapa inicial en materia minera, pero la forma de avanzar es trabajando con empresas que transfieren conocimiento y tecnología”, afirmó. Según explicó, el desarrollo de estos proyectos no solo implicaría inversiones de largo plazo, sino también la formación de recursos humanos locales y la generación de capacidades técnicas que hoy no existen en el país.
Además del uranio y el titanio, el potencial minero paraguayo incluye otros recursos. El directivo mencionó proyectos vinculados al oro y la existencia de indicios relevantes de tierras raras, minerales estratégicos para la industria electrónica, energética y de defensa. “Tenemos un conjunto de rocas con características que podrían albergar este tipo de depósitos, pero aún falta explorar mucho más”, señaló.
Uno de los principales obstáculos para acelerar estos proyectos sigue siendo la burocracia estatal. Fernández advirtió que aproximadamente el 50% del tiempo total de un emprendimiento minero se consume en trámites y permisos. “Eso genera desaliento en la inversión y nos hace perder competitividad frente a países vecinos”, afirmó, al tiempo de remarcar que el negocio minero depende fuertemente del timing.
Con inversiones globales que se cuentan en miles de millones de dólares —solo Estados Unidos proyecta destinar unos US$ 10.000 millones al sector—, Paraguay enfrenta el desafío de generar condiciones atractivas para captar parte de ese flujo. Si logra acortar plazos y mejorar su marco regulatorio, el país podría transformar su potencial geológico en una nueva fuente de desarrollo y posicionarse como un jugador emergente en la minería regional hacia el final de la década.
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