Ramón Méndez, gerente de Insumos de Ciabay, en entrevista con InfoNegocios explicó que el contexto actual está marcado por un cambio estructural: la expansión de la superficie agrícola es cada vez más limitada, por lo que el crecimiento depende principalmente de elevar la productividad. “Como país tenemos pocas áreas nuevas por desarrollar, entonces lo que tenemos que trabajar es elevar nuestros rindes”, sostuvo.
Este cambio redefine la demanda del productor. Ya no se trata únicamente de adquirir insumos, sino de adoptar paquetes tecnológicos que permitan capturar el máximo potencial de los cultivos. En los últimos años, la mejora genética permitió alcanzar rendimientos históricos, incluso superiores a los 5.000 kilos por hectárea en algunos sistemas productivos. Sin embargo, el desafío sigue siendo cerrar la brecha entre el rinde esperado y el efectivamente logrado en campo.
En ese punto, la nutrición del suelo y la protección sanitaria ganan protagonismo. El suelo se consolida como el activo más importante del productor, y su manejo adecuado aparece como uno de los principales factores para sostener la productividad. A esto se suma el control de enfermedades, especialmente en soja, donde los patógenos fúngicos continúan siendo una de las variables que más inciden en los rendimientos finales.
Bajo este contexto, las empresas del sector están orientando su propuesta hacia soluciones integrales que combinen genética, fertilización, protección y acompañamiento técnico. La tendencia apunta a que el valor ya no esté únicamente en el producto, sino en el servicio y la recomendación agronómica. Según Méndez, el componente técnico es clave en una industria cada vez más especializada. “El producto solo no es todo, debe ir acompañado con respaldo técnico y un equipo capacitado para que el productor logre resultados”, indicó.
El inicio de la campaña también muestra un mejor ánimo del productor, impulsado por los resultados de la soja. El ejecutivo señaló que el primer trimestre se presenta más favorable en comparación con el año pasado, cuando las inundaciones y condiciones climáticas adversas afectaron los rindes. En el ciclo actual, si bien se registraron faltas puntuales de lluvia, las precipitaciones recientes ayudaron a equilibrar el desarrollo de los cultivos y sostener el ritmo productivo.
Esta mejora productiva se traduce en mayor movimiento dentro del mercado de insumos, especialmente en tecnologías orientadas a proteger el potencial genético, mejorar la fertilidad del suelo y optimizar la aplicación de productos. Además, el sistema agrícola paraguayo, caracterizado por la sucesión de cultivos durante el año, genera una demanda constante de soluciones técnicas para distintas etapas productivas.
Sin embargo, el escenario no está exento de incertidumbre. Factores internacionales vinculados a costos y dinámica de los mercados continúan siendo variables que pueden impactar en el negocio. Aun así, la expectativa del sector se mantiene positiva, apoyada en mejores resultados productivos y en la necesidad creciente de maximizar la eficiencia.
En ese marco, la propuesta de valor de las empresas proveedoras de insumos se orienta cada vez más a acompañar al productor con un enfoque integral. La combinación de genética, nutrición, protección y asistencia técnica se posiciona como la estrategia central para sostener rendimientos y mejorar la rentabilidad en un contexto donde cada kilo adicional por hectárea resulta determinante para el negocio agrícola.
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