“Toda mi vida pinté y dibujé, pero lo tomo como un trabajo, como un medio de sustento, desde el 2012 básicamente. Desde entonces me dedico al arte al 100%, en la búsqueda de un estilo propio, de contar un poco mi historia, de dónde vengo y dejar testimonio en cuanto a la ciudad y los lugares donde viví. Todas las obras que hago son muy autobiográficas o tienen que ver con mi vivencia”, contó Guillermo.
Ese proceso no fue inmediato. El artista recordó que, en sus inicios, debió transitar por distintos trabajos antes de poder sostenerse únicamente a través del arte. “Tenía trabajos de oficina, pero cuando me vi en la obligación de buscar otras formas de sostenerme, empecé con los retratos y luego a pintar cuadros y vender. Empecé a vender en la calle, y una cosa se fue dando con otra hasta hoy poder simplemente contar mis historias y que la gente vaya conociendo mi estilo y mis obras. La verdad que fue un proceso largo”, relató.
Con el tiempo, y a medida que logró posicionarse, Sanabria comenzó a explorar una narrativa más íntima. Sus obras se volvieron más intensas, más conectadas con sus propias vivencias. Sin embargo, reconoce que el desafío sigue siendo encontrar un equilibrio entre la expresión artística y la sostenibilidad económica. “Tiene que haber un equilibrio entre contar mis historias y que sea comercialmente viable”, afirmó.
La inspiración de Sanabria proviene principalmente de la vida cotidiana. Sus pinturas y dibujos se nutren de escenas urbanas, de los barrios, de la memoria y de las experiencias personales. “La idea es hablar de Asunción, de los lugares donde viví, pero que también sean temas universales”, explicó. Esa combinación permite que el público se identifique con su obra, encontrando en ella fragmentos de su propia historia.
Actualmente, el artista trabaja en distintas líneas temáticas. Por un lado, desarrolla paisajes urbanos que retratan la ciudad desde una mirada íntima y nostálgica. Por otro, avanza hacia una representación más humanizada, centrada en las personas, la memoria y emociones como el duelo. Esta diversidad responde a una constante evolución creativa, donde cada serie abre nuevas posibilidades de exploración.
Entre sus trabajos más significativos, Sanabria destacó su última colección, enfocada en la memoria. “La última colección que hice habla sobre la memoria. Cuento un poco mis vivencias en los años 90, cuando era niño. Esta abarca dos obras, Asunción 1996 y Asunción 1984, que realmente me gustan mucho y están expuestas en la Galería De La Paz, donde estoy trabajando, y además marcan hacia dónde estoy yendo”, comentó.
El público puede acceder a sus trabajos a través de la Galería De La Paz, ubicada en Villa Morra, donde el artista trabaja de manera exclusiva desde hace dos años. Este espacio le permitió consolidar su presencia en el circuito artístico y fortalecer su vínculo con coleccionistas y nuevos públicos interesados en el arte nacional.
Además de su trabajo en galería, Sanabria exploró colaboraciones con marcas locales. Una de las más destacadas fue junto a la firma de alfajores Tatakua. “El equipo se comunicó conmigo hace dos años, empezamos el proyecto, les gustaron mucho mis paisajes y cómo miraba Asunción, cómo miraba lo cotidiano. Me dejaron muy claro qué querían hacer y me dieron la libertad para crear tres obras, que finalmente aplicaron en su packaging”, explicó.
De cara al contexto actual, Sanabria observa un creciente interés por el arte paraguayo. Aunque reconoce que aún existen limitaciones en términos de promoción cultural, considera que hay una oportunidad importante. “Sería bueno dar ese gran paso para lograr una identidad y un mercado artístico-cultural sólido. Siempre hay proyectos, pero falta consolidar. Aun así, veo que hay un interés grande del público: muchos quieren coleccionar obras nacionales o adquirir trabajos de artistas emergentes. Eso hay que aprovecharlo, generar obras y, sobre todo, identidad”, concluyó.
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