“No es cierto que el cáncer deteriore la fertilidad de la mujer. El problema es que, al ser detectado, la mujer va a ser sometida a un tratamiento, y algunos tratamientos contra el cáncer afectan en forma muy profunda la fertilidad”, explicó el especialista.
La quimioterapia y la radioterapia son los tratamientos que más dañan la función ovárica. También inciden el trasplante de médula ósea y los agentes inmunosupresores que ese procedimiento exige. A ese efecto se lo denomina gonadotoxicidad. “Es prácticamente, como se diría en forma folclórica, quemar los ovarios de la mujer”, grafica Manavella.
La edad marca la diferencia. Como la reserva ovárica empieza a caer recién entre los 35 y los 37 años, el problema se concentra en las pacientes jóvenes. En ellas, el daño suele ser definitivo: “La probabilidad es extremadamente baja de que una mujer que no preservó su fertilidad pueda embarazarse después”, afirmó. Solo quienes reciben esquemas poco agresivos recuperan la menstruación y conservan alguna chance.
Dos caminos antes de empezar
La medicina reproductiva ofrece dos alternativas, y el factor que define cuál se aplica es el tiempo que conceda el oncólogo. “Si hay 14 días o un poco más, se recurre a la preservación de los óvulos”, detalló Manavella. Ese plazo es el mínimo para estimular los ovarios, aspirar los óvulos por vía vaginal y vitrificarlos.
Cuando no hay margen, se congela tejido ovárico. Por laparoscopia se extraen fragmentos de alrededor de un centímetro que luego se reimplantan en el ovario remanente. La técnica dejó de considerarse experimental en 2019 y acumula más de 200 nacimientos en el mundo. “Los resultados prácticamente son los mismos”, compara el especialista.
El tejido ovárico suma una ventaja: conserva su función endocrina. Reimplantado a los 48 o 50 años, vuelve a producir hormonas y permite postergar la menopausia. La contrapartida es una intervención más invasiva que la aspiración de óvulos.
“Hay que informar para decidir”
Neolife realizó sus primeras dos congelaciones de tejido ovárico en 2023 y hoy conserva nueve. Aún no concretó ningún trasplante, un paso que depende de que las pacientes completen su tratamiento oncológico.
Para Manavella, el obstáculo principal sigue siendo la desinformación. “En Octubre Rosa se habla mucho de cáncer, pero no se habla de qué pasa después del cáncer”, señala. Con los avances de los últimos años, cada vez más mujeres superan la enfermedad y retoman sus proyectos, entre ellos el de formar una familia. “Hay que informar para decidir”, recomendó.
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