Según explicó el neuropediatra Dr. Marco Casartelli, las cefaleas son frecuentes principalmente durante la adolescencia, aunque algunos síntomas pueden aparecer desde edades mucho más tempranas. “Cuando hablamos de cefalea con antecedentes migrañosos, puede aparecer alrededor de los seis o siete años, aunque inicialmente suele presentarse como un dolor de cabeza de fácil control y que mejora con reposo”, señaló.
La migraña propiamente dicha suele hacerse más evidente entre los 9 y 10 años. En esta etapa, los episodios adquieren características similares a las observadas en adultos: dolor intenso, pulsátil, sensibilidad a la luz y al ruido, además de posibles náuseas y vómitos.
Aunque la migraña infantil no se considera una enfermedad grave, sí puede generar consecuencias importantes. Una de las principales es el ausentismo escolar.
“El problema es que condiciona muchas ausencias a clases, por eso es importante saber tratarla adecuadamente y consultar con especialistas cuando los episodios son frecuentes”, explicó Casartelli. También advirtió sobre el riesgo de abusar de analgésicos, una práctica que puede derivar en complicaciones a largo plazo.
El especialista remarcó que, cuando los dolores de cabeza son recurrentes, es fundamental realizar una evaluación médica para identificar la causa y determinar el tratamiento más adecuado. En los niños menores de cinco años, la recomendación es consultar directamente con un neurólogo.
El uso excesivo de pantallas suele estar en el centro del debate cuando se habla de dolores de cabeza en niños y adolescentes. Sin embargo, el neuropediatra aclaró que las pantallas no provocan migraña, aunque sí pueden favorecer otros tipos de cefaleas y problemas de salud relacionados con la visión y el descanso.
Uno de los factores más importantes es la calidad del sueño. La exposición prolongada a celulares, tabletas y computadoras puede alterar la producción de melatonina y retrasar el inicio del descanso nocturno. Esto aumenta el riesgo de dolores de cabeza tensionales, especialmente en adolescentes que duermen menos horas de las recomendadas.
Por ello, Casartelli insiste en la importancia de mantener hábitos saludables. Los niños en edad escolar deberían dormir alrededor de 10 horas por noche, mientras que los adolescentes necesitan entre 8 y 9 horas. Además, la actividad física regular también cumple un rol clave en la prevención.
Respecto a la alimentación, el especialista indicó que no existen restricciones generales para todos los pacientes. Solo cuando se identifica una relación directa entre un alimento específico y la aparición de los síntomas puede considerarse evitarlo.
El médico recomienda realizar controles oftalmológicos periódicos, ya que algunos problemas visuales pueden contribuir a la aparición de cefaleas. No obstante, si los dolores de cabeza persisten o se vuelven frecuentes, la consulta con un neuropediatra es indispensable para descartar otras causas y definir estrategias de manejo.
En los casos más severos, especialmente cuando la migraña afecta la asistencia escolar o la vida social del adolescente, puede ser necesario recurrir a tratamientos preventivos bajo supervisión médica. Sin embargo, Casartelli aclara que en muchos niños las medidas relacionadas con el descanso, la actividad física y el manejo adecuado de los episodios suelen ser suficientes.
La clave, concluye el especialista, es no normalizar los dolores de cabeza frecuentes. Detectarlos a tiempo y recibir orientación profesional puede marcar la diferencia para evitar que un problema aparentemente simple termine afectando el desarrollo y bienestar de niños y adolescentes.
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