La campaña de maíz atraviesa así un escenario de presión sobre los márgenes, marcado principalmente por el encarecimiento de los insumos. Lindemar Cesca, presidente de la Asociación de Productores de Soja (APS), explicó a InfoNegocios que el incremento del precio del fertilizante impacta directamente en la cantidad de granos que el productor necesita vender para recuperar su inversión.
“Se tiró 200, 220 kg de abono el año pasado. Necesitaba 1.200, 1.250 kg por hectárea de maíz para pagar el abono. Hoy necesito 1.500, 1.600 kg para pagar la misma cantidad de abono”, señaló.
El dato adquiere relevancia considerando la superficie destinada al cultivo. Según Cesca, la agricultura paraguaya cuenta con cerca de 3 millones de hectáreas de soja y entre 900.000 y 1 millón de hectáreas correspondientes al maíz zafriña. El cereal constituye así uno de los principales cultivos del país y forma parte de la rotación agrícola junto con la soja, el trigo, la chía y la canola.
A la presión del fertilizante se suma el incremento de otros componentes de la estructura de costos, como el combustible. El productor debe absorber mayores costos derivados de las labores agrícolas, incluso cuando terceriza las tareas y contrata maquinaria.
“Yo particularmente pago para hacer un trabajo. No tengo maquinaria. El señor que me hace el trabajo ya me dijo: ‘Tenemos que reajustar’, porque el combustible subió demasiado”, relató Cesca.
Mientras los costos avanzaron, el precio del maíz no experimentó una variación equivalente. El dirigente señaló que, para los contratos de la próxima campaña, se manejan valores de entre US$ 140 y US$ 150 por tonelada en determinadas referencias, manteniéndose en niveles similares a los registrados un año atrás.
No obstante, en las operaciones actuales, Cesca también señaló una mejora en la cotización del cereal, que pasó de valores cercanos a US$ 330-350 por tonelada al inicio de la campaña a alrededor de US$ 400 por tonelada. Esta recuperación permitió a algunos productores cerrar operaciones anticipadamente y utilizar esos ingresos para adquirir insumos y afrontar compromisos.
Para el titular de APS, una de las alternativas que están adoptando los productores es vender parte de la producción y guardar otra porción a la espera de mejores condiciones de mercado. Sin embargo, remarcó que no existe certeza de que el precio vaya a subir.
“La gente va comprando y va cerrando maíz para pagar su cuenta, porque todavía no tenemos la certeza, y nunca vamos a tener, de que el precio va a subir realmente”, sostuvo.
Cesca consideró, además, que reducir la superficie sembrada no aparece como una opción sencilla, ya que el maíz cumple una función dentro del esquema de rotación y cobertura del suelo. En ese sentido, mantener el cultivo permite preparar la superficie para la siguiente campaña de soja.
El desafío, por tanto, pasa por encontrar el equilibrio entre costos, productividad y precio de venta. En un escenario en el que el fertilizante ya exige hasta 300 o 350 kilos adicionales de maíz para cubrir el mismo gasto, cada tonelada cosechada pesa más en la ecuación final del productor.
“Hay que mirar bien para salir en la cuenta, para no perder plata”, resumió Cesca.
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