Cada día aparecen nuevos vídeos, tendencias y formatos en las redes sociales. Las marcas buscan hacerse un lugar en ese movimiento constante, captar la atención y conseguir que sus publicaciones lleguen a más personas. Pero, entre tantos contenidos, surge una pregunta: ¿qué queda después de pasar de un video a otro?
El desafío ya no pasa solamente por conseguir reproducciones o sumarse a la tendencia del momento. También tiene que ver con encontrar una voz propia y ofrecer algo que realmente conecte con el público.
Las cifras ayudan a entender la dimensión de este escenario. Según el Estudio de TikTok 2026 de Metricool, que analizó más de 2,3 millones de publicaciones de más de 92.000 cuentas, dentro de su muestra los videos publicados crecieron un 72%, mientras que las imágenes y los carruseles aumentaron un 140%. Cada vez hay más contenido circulando y, por lo tanto, más mensajes intentando captar unos segundos de atención.
Para Gabriela Zapata, coordinadora digital de Ojo de Pez, diferenciarse comienza por algo fundamental: saber qué quiere comunicar una marca, a quién quiere llegar y qué tiene para ofrecer. No se trata de publicar por publicar, sino de construir una comunicación con la que las personas puedan identificarse.
En ese camino, las tendencias pueden ser una buena oportunidad para mostrar una faceta distinta, acercarse a la audiencia o sumarse a una conversación. El problema aparece cuando una marca intenta adaptarse a todo, incluso a aquello que no tiene relación con su identidad.
“Cuando tenemos que forzar demasiado la relación, o la única razón para hacerlo es que todos lo están haciendo, vale la pena parar”, explica Zapata.
La clave está en encontrar una manera propia de participar. Al fin y al cabo, si una publicación podría llevar el logo de cualquier empresa sin que nadie note la diferencia, quizás todavía falta trabajar en la idea.
Publicar por publicar no es la respuesta
Mantener activas las redes sociales también se convirtió en una exigencia para muchas marcas. Siempre hay una nueva fecha, una tendencia o algún formato que parece necesario aprovechar. Y en medio de esa dinámica, pensar qué publicar mañana puede terminar ocupando más tiempo que decidir qué queremos comunicar.
Zapata reconoce que esa presión también se vive dentro de las agencias y los equipos digitales. “En ese ritmo, puede pasar que resolver qué subimos mañana ocupe el tiempo que necesitamos para pensar qué queremos construir realmente”, señala.
Para encontrar un equilibrio, no existe una cantidad de publicaciones que funcione para todas las empresas. Depende de sus objetivos, de lo que busca su comunidad y de la capacidad de cada equipo para producir contenidos sin descuidar la calidad.
A veces, una publicación sencilla que responde una pregunta frecuente puede resultar mucho más útil que un video elaborado que simplemente sigue una tendencia. Lo importante es que cada contenido tenga una razón para estar ahí.
¿Cómo saber si un contenido realmente funciona?
Las visualizaciones y el alcance siguen siendo datos importantes, pero no cuentan toda la historia. También vale la pena observar qué hace la gente después de ver una publicación: si la comparte, la guarda, deja un comentario, visita el perfil o realiza una consulta.
Cuando el objetivo es comercial, además, interesa saber si esas interacciones terminan convirtiéndose en contactos o ventas.
“Los números nos ayudan a identificar qué pasa. Mirar esas conversaciones nos permite entender un poco mejor qué interés estamos generando”, afirma la coordinadora digital.
En ese sentido, una consulta sobre cómo contratar un servicio puede decir mucho más sobre el interés de un potencial cliente que una reacción o un simple emoji.
Las tendencias van a seguir apareciendo y el contenido no va a dejar de multiplicarse. Para las marcas, el reto está en no perderse en esa carrera por publicar y encontrar aquello que realmente quieren transmitir.
Porque una publicación puede durar unos segundos en pantalla, pero una buena idea, una respuesta o una experiencia con la que alguien se identifica pueden permanecer mucho más tiempo. Y quizás ahí esté el verdadero valor de comunicar: no solamente conseguir que nos vean, sino tener algo que valga la pena recordar.
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