María Concepción Baruja Rivarola y Luz Marlene Benítez Ayala, instructoras de Baru Pilates, explican que la principal diferencia entre el pilates y otros métodos de entrenamiento radica en su enfoque. Mientras el gimnasio tradicional suele centrarse en la fuerza lineal o el desarrollo de grandes grupos musculares, el pilates trabaja la musculatura profunda, la estabilización articular y el control motor.
“No buscamos solo volumen o potencia bruta, sino eficiencia biomecánica”, señalan. A través de ejercicios específicos, el método enseña a generar fuerza sin perder movilidad, corrigiendo desequilibrios musculares que muchas veces pasan desapercibidos en los entrenamientos convencionales. Además, incorpora la respiración diafragmática y el alineamiento postural, elementos que ayudan a gestionar mejor la fatiga y optimizar el gasto energético.
Para Verónica Franco, instructora y propietaria de Sol Pilates Studio, el interés de atletas y deportistas amateurs por esta disciplina ha crecido significativamente en los últimos años.
“Lo atribuyo a todos los beneficios que tiene el pilates para los diferentes tipos de deportes, ya que ayuda mucho al control de todo el cuerpo, a entender las capacidades y los límites de cada persona, además de prevenir lesiones”, sostiene.
La especialista observa una creciente participación de deportistas que someten su cuerpo a altas exigencias físicas, especialmente aquellos que suelen cargar gran parte del esfuerzo sobre la espalda y las articulaciones.
Entre ellos menciona a futbolistas, tenistas, jugadores de pádel, corredores, nadadores e incluso bailarines, quienes encuentran en el pilates una herramienta para complementar sus entrenamientos y mejorar su desempeño.
Si bien las instructoras coinciden en que el pilates puede beneficiar a cualquier deportista, destacan tres grandes grupos donde sus resultados suelen ser más visibles.
Por un lado, están los deportes de rotación y movimientos asimétricos como el tenis, el pádel y el golf. Estas disciplinas generan una sobrecarga constante sobre un lado del cuerpo, situación que puede derivar en desequilibrios musculares y problemas posturales. El pilates ayuda a compensar estas diferencias y protege la columna de movimientos repetitivos y exigentes.
También tiene un papel importante en deportes de contacto y cambios bruscos de dirección, como el fútbol y el rugby. En estos casos, la estabilidad lumbo-pélvica y la flexibilidad activa contribuyen a disminuir el riesgo de lesiones frecuentes como desgarros musculares o pubalgias.
Por último, corredores, ciclistas y triatletas encuentran en esta disciplina una herramienta para sostener la técnica durante esfuerzos prolongados, evitando que la fatiga afecte la postura y la eficiencia del movimiento.
Uno de los pilares del método Pilates es el fortalecimiento del denominado “Powerhouse” o centro de energía, conformado por la musculatura abdominal profunda, la zona lumbar y la pelvis.
Según Baruja y Benítez, prácticamente toda acción deportiva depende de una correcta transferencia de fuerza a través del tronco. Un core fortalecido actúa como una faja natural que absorbe impactos, protege la columna y estabiliza la pelvis, reduciendo la sobrecarga sobre rodillas y tobillos.
Esta estabilidad no solo disminuye el riesgo de lesiones, sino que también mejora el rendimiento. Acciones como un remate en fútbol, un saque de tenis o un salto ganan potencia y precisión cuando la fuerza se transmite de manera eficiente desde el centro del cuerpo.
Franco considera que uno de los errores más frecuentes de los deportistas es descuidar el trabajo de movilidad y estabilidad corporal, aspectos cuyos efectos negativos suelen aparecer con el paso de los años.
“Cuando se dejan de lado estas áreas tan importantes, las consecuencias se sienten a largo plazo, especialmente después de los 30 años. El cuerpo resiente los impactos fuertes y aparecen molestias de espalda, problemas articulares o tensiones musculares”, explica.
Precisamente por ello, cada vez más deportistas incorporan sesiones de pilates como complemento de sus rutinas habituales.
La instructora asegura que los beneficios también se reflejan en los procesos de recuperación. “Muchos alumnos que participan en competencias me cuentan que obtienen mejores resultados desde que comenzaron a practicar pilates. En cuanto a las lesiones, cumple un papel fundamental porque permite mantener el cuerpo en movimiento sin someterlo a impactos elevados durante la recuperación”, afirma.
La evidencia científica respalda cada vez más el uso del pilates como una de las herramientas más efectivas para desarrollar la propiocepción, es decir, la capacidad del organismo para reconocer la posición y el movimiento de cada segmento corporal en el espacio.
Esta habilidad se traduce en un mejor equilibrio, mayor coordinación y menor riesgo de torceduras o caídas, factores determinantes para cualquier disciplina deportiva.
A nivel internacional, numerosos atletas de élite incorporan sesiones de pilates y trabajo en reformer dentro de sus programas de entrenamiento y recuperación. En Paraguay, la tendencia también se fortalece.
“Creo que el pilates dejó de ser una actividad asociada únicamente al bienestar para convertirse en una herramienta estratégica para el alto rendimiento deportivo. Los deportistas que lo practican lo afirman constantemente porque encuentran mejores resultados, especialmente cuando son constantes”, concluye Franco.
En un escenario donde la diferencia entre competir y destacar puede depender de pequeños detalles, el pilates se consolida como una disciplina capaz de aportar rendimiento, prevención y longevidad deportiva, convirtiéndose en un aliado cada vez más valorado por atletas profesionales y amateurs.
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